Pobre Tintín

El jefe de mi sección del periódico -sección de cultura, tiene guasa- hacía  semanas que me tenía frito con la idea de publicar  una  entrevista  con  alguien  que  en su  día hubiese sido muy famoso, influyente, importante, daba igual; alguna  vieja  gloria  retirada  de quien  se hubiese  perdido la pista  y no se  supiese  de sus  actividades  públicas o privadas. A mí no me parecía buena idea,  se  lo  hice  saber, arguyendo la falta de interés que el gran público suele mostrar por los personajes acabados, aunque en realidad lo que  me  daba era  una pereza descomunal. Cuando ya no  pude   resistir  más  su acoso  no tuve  más  remedio que  estrujarme  el cerebro y  dar  con  alguna  celebridad obsoleta.  Pensé  en Manolo  Clares, Betty Misssiego, Ágata  Lis, Ana  Botella,  pero al  final me decanté por Tintín. Almenos  me  podría  pegar  un viajecito a  cuenta  del  periódico,  aunque  solo  fuese  hasta Bélgica. Mi jefe estuvo conforme,  así que me planté en Bruselas y empecé a hacer las pesquisas pertinentes para dar con su paradero.

Vivía en un piso bastante céntrico en la Rue des Chapelliers, y me costó dos días de insistencia lograr que me recibiese, una mañana plomiza y fría de principios de octubre.

Fué impactante, se lo puedo asegurar. Tintín ha cambiado, mucho, muchísimo; mucho y para mal. Presentaba un aspecto absolutamente dejado: el flequillo caído y sucio, sus aniñadas mejillas por afeitar; ataviado con una bata andrajosa que dejaba entrever su ropa interior, un simple calzoncillo de dudosa salubridad. Bebía largos tragos de whisky Lock Lommond (“sí, estoy alcoholizado,” confesó. “por culpa del borracho de Haddock”). Fumaba gitanes, y hablaba con voz arrastrada, ronca, de persona hundida en el pozo de sus miserias.

-Así que periodista, eh? Bien, bien. Dígale al mundo de mi parte que se puede ir al carajo. Así, tal cual. Al carajo. Toda una vida al servicio del bien…Toda una vida al servicio de la justicia, del orden, de la paz… toda una vida de renuncias, de castidad absoluta, de camaradería y fraternidad… ¿Y cómo se lo agradece el mundo al viejo Tintín? Con el olvido más absoluto… Aunque a mí, qué quiere que le diga, me importa ya tres cuernos y medio…

Bebió un buen sorbo de whisky, cuando apareció en la sala una mujer. Al verla, Tintín se enfureció.

-¿Aún estás aquí? Tienes el taxi esperando hace media hora, ¡lárgate de una vez!

-¡Impotente! -le espetó la señora, antes de cerrar la puerta de la vivienda.

Tragó más whisky y siguió.

-Como le decía, el mundo me importa bien poco ya. No leo periódicos. No veo la televisión ni escucho la radio. Solo me relaciono con prostitutas, y solo con las que me traen algo de coca. Por suerte, financiéramente estoy bien, ya que vivo de la herencia del capitán Haddock. Cuando murió me legó la propiedad de su mansión de Moulinsart. La vendí. Vivo de esas rentas. Y de recordar mi pasado…

-¿No ha recibido ningún encargo de nadie? ¿Ninguna misión, del tipo que fuese? ¿Nada de nada?

-Nada que valiese la pena. La CIA tuvo la desverguenza de proponerme un anodino asunto de escuchas telefónicas, pretendian que espiase a no sé qué pájaro de un departamento de la UE, aquí en Bruselas, ya ve, así, sin nada de acción, como un vulgar funcionario de la STASI con los auriculares y la libreta. Les mandé al cuerno. “Están hablando con Tintín”, les dije, “¡Con el gran, el grandísimo Tintín, se enteran!?” Yo quiero acción, ¿me entiende? Acción, viajes, sentir el aire del océano, el frío de las nieves, el riesgo, la aventura… Pero ahora ya es tarde. Estoy acabado. Pertenezco a un mundo viejo, periclitado. Soy el pasado…

-¿Y qué hay de sus antiguos compañeros? Dupond y Dupont, el Profesor Tornasol…

-No me los recuerde, por favor. Los Dupond Dupont, vendidos al sistema, trabajan de asesores de la Interpol. Un empleíllo de mierda. No tienen dignidad. Ni orgullo. De acuerdo, nunca fueron polis brillantes, pero trabajaron codo a codo conmigo, con Tintín. Eso es mucho. Tornasol está encarcelado. Durante un congreso de físicos, en Seattle, por despiste acabó cenando con con unos tipos de una mafia chechena y los yankis le acusaron de vender secretos científicos militares a grupos terroristas. Creo que está en Guantánamo. Pobre tonto…

Y de repente lanzó una carcajada, con ojos inexpresivos, de ser completamente ido. Y yo, de repente, me acordé de Milú.

-Me deshice de él. Me harté de ese chucho con cara de bueno. No se daba cuenta de nada. No entendía mi sufrimiento. Pretendía que olvidásemos el pasado, que fuésemos felices en el ahora, ya ve usted, felices con un presente de paseos por la Grand Place, de comprar jaboncitos en Saint Hubert, de leer un libro al atardecer y de reírnos con friends antes de acostarnos. Que estúpido, dios mío, que estúpido…

Encendió un gitanes y aspiró profundamente. Estuvo en silencio un buen rato. Yo no me atrevía a preguntar nada más. Rompió su silencio para echarme.

-Y bueno. Usted se marcha ya, ¿no? Escriba lo que le de la gana sobre mi. Me da absolutamente igual. El mundo ya sabe quien fuí. Y yo también. Y eso es lo que cuenta.

Así que me marché. Antes de dejar Bruselas conseguí una cita con Eric Geretz, y le entrevisté. Eric Geretz, el mejor lateral izquierdo de la historia del fútbol belga.

Cuando se la presenté a mi jefe, me la tiró por la cabeza. Pero es que no me vi con alma de publicar la entrevista con Tintín. Sencillamente, no pude.

 

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14 thoughts on “Pobre Tintín

  1. M’has recordat que per algun lloc hi tinc una bossa amb la cara dels dos. Quan encara eren bons temps per ells. Avui la duré i pensaré en la decadència del Tintín.

  2. Quan la gent esdevé petita ja no és útil; no fa gràcia; no entreté; no desperta curiositat. Vivim en el món de Kleenex: usar i llençar. Poques coses es valoren en si mateixes.
    Ens han educat en els esquemes mentals del consumisme, i la nostra ment funciona sempre en clau de consumidor. I malauradament acabem sent consumidors de persones.

  3. Qué bien sabía el Gitanes. Ah, por cierto, tu amiga Siono debería tomar nota de ti y alternar los post -uno en castellano y otro en catalán- Se agradece mogollón.

    Y original historia. Al principio hasta me había creído que también te dedicabas al
    periodismo.

  4. Vale ya con los tirones de orejas, Sir Alsen … ¬¬

    Bona pregunta la de l’Alegria. (Uffff, quin avorriment dir sempre el mateix). Jo penso que vivim al món del reciclatge, on els personatges que esdevenen petits, passen a engreixar les llistes del morbo. A massa gent l’hi interessa tenir el paper d’espectador i Jutge i recrear-se en l’espectacle de la decadència d’altres persones. Es fastigós.

  5. Ja,però això del kleenex només depén de nosaltres mateixos.Per molt que m’han ensenyat que fumar és dolent m’agrada fumar i fumo.Per molt que el món del mercat s’entesti en fer-me consumidora compulsiva només ho podrà aconseguir si em deixo portar.Si decideixo estimar i cuidar , arreclar i restaurar…no cauré a les seves urpes.
    Per cert, crec que en el cas de les persones és diferent.

  6. Tens raó, pot ser he posat un mal exemple.Només volia dir que allò que et prohibeixen repetidament és el que et ve més de gust fer.Normalment.
    Per cert, fumar pot matar:) en algun moment proper ho deixaré.

  7. Festival de alter-egos. Bernard, luces una esquizofrenia muy elegante.
    Yo soy más del sector paranoide. Mi perturbación mental es lo único que me mantiene
    cuerdo.

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