El interceptador de cartas

 Durante un tiempo me dediqué a esto, a la intercepción de cartas. Hace ya años, pero conservo el recuerdo muy vivo, como una época muy estimulante de mi vida. Divertida, creativa. Sí, no puedo evitar recordar aquello con nostalgia.

La cosa consistía en colarme en las porterías de los bloques de pisos con cualquier pretexto. Una vez allí, mediante unas pinzas largas y flexibles, extaía las cartas de los buzones. La mayoría las tenía que volver a meter, igual que el pescador que devuelve al mar todos los peces sin valor, puesto que se trataba de correo comercial o bancario. Pero de vez en cuando pillaba una buena presa: una carta personal en toda regla, una misiva auténtica, con dirección y remitente escritas a mano, con sello de correos comprado en el estanco. La metía en mi mochilita de tela roja -mi hermano dice que es la bolsa del pan- y me la llevaba a casa.

En casa la abría, mediante la clásica técnica de apertura al vapor. Si no era posible la apertura bajo este procedimiento usaba un cortaplumas de plata que le robé a mi abuelo de muy pequeño. Pues bien, una vez tenía ya en mis manos el papel generalmente manuscrito, la carta en sí, procedía a su lectura y análisis. Valorava la naturaleza de lo expuesto en esas líneas y a partir de ahí actuaba. Lo que solía hacer era escribir un consejo al destinatario, algo sí como “no le haga mucho caso, intenta engañarle” o “adelante, no hay nada que perder, parece que este negocio será rentable,” etc. En cartas de amor o declaraciones solía aconsejar muy directa y claramente al destinatario con frases del tipo “parece sincero, yo de ti le haría caso,” o “no es honesto, solo quiere llevarte al huerto.” Casi siempre adjuntava una buena ristra de razones para fundamentar mi consejo, ya se sabe que opinar por opinar no sirve de nada, ya he dicho que analizaba muy a fondo el contenido de todas las cartas. Después volvía a meter la carta en un sobre junto con mis aportaciones, lo cerraba, escrivía la dirección pertinente y dejaba que la carta hiciese el resto de su curso.

Tambien tenía costumbre, si el tema lo requería, de enviar una carta al remitente con algunas observaciones acerca de la carta que había enviado, sobre como había enfocado la cuestión, o simplemente para felicitar o regañar. Excepcionalmente, incluso había considerado oportuno destruir cartas por el riesgo de causar dolor innecesario a su destinatario. Todos sabemos que hay cosas que a veces es mejor no saber. En fin, que como cada caso es cada caso, en cada circunstancia yo ya veía lo que se tenía que hacer.

Pues así estuve por lo menos cinco años. Cada semana podía interceptar una media de cuatro o cinco cartas, de las cuales al menos una tenía siempre un caso interesante. Yo estaba orgulloso de mi actividad. La hacía sin ningún ánimo de lucro, jamás saqué el más mínimo provecho económico. Lo hacía por pura filantropía. Estaba contento de poder ayudar a la gente mediante un sistema tan original. Y es que además me sentía yo mismo original, ingenioso por haver tenido una idea tan buena como aquella. Hasta que un día, cual fué mi sorpresa cuando al abrir una carta que me había mandado mi hermano en relación al tema de la venta de un local que habíamos heredado descubrí una hoja de papel manuscrita con un comentario relativo al precio de venta. Según ese comentario adjunto estábamos vendiendo demasiado barato, podíamos sacar más. Además venía con una fotocopia con unas gráficas sobre la evolución de los precios en el último semestre. Me quedé pasmado y algo decepcionado al darme cuenta de que existía, al menos, otro interceptador de cartas como yo, posibilidad en la que nunca había reparado. Ese día empecé a replantearme mi actividad.

Abandoné esa práctica definitivamente cuando se instaló entre nosotros lo que conocemos como “era digital” o sea, con el auge de internet, los e-mails i los sms. Hoy ya nadie escribe cartas manuscritas, con remitente y sello comprado en el estanco. Ya se perdió. Una pena. Pero en fin, lo que decía antes, todo tiene su momento, y recuerdo todo aquello con mucho cariño.

Esto me hace pensar que te tengo que escribir. Sí, lo haré. Aún tengo mucho que decirte y mucho que contarte. Una larga carta con todo lo que no cabe en una tarde de cafés ni en un mensaje de formato tecnológico. Como la que Frank le mandó a Vera. Tengo que hacerlo, sí.

Y te la daré en mano. No quiero exponerme a que aún corra por ahí cualquier interceptador.

Anuncis

5 thoughts on “El interceptador de cartas

  1. Em sembla molt original, el final sobretot.Sempre he pensat que és un costum molt bonic escriure cartes a mà.Si queda encara gent que conserva aquest costum.Una lletra a mà sempre diu molt més que un mail o una carta impressa.Te molt més personalitat.Però, quina llàstima que es perdin els bons costums, no només aquest.
    Ens hauriem de plantejar si molts dels costums actuals ens fan més infeliços…podriem recuperar alguns dels vells i bells costums, com badar, escoltar, dedicar temps a les coses i les persones i no anar com “borregos” tot lo dia….ja sé que sona molt happy flower però jo ho crec de debó i estic disposada a canviar alguns costums. 🙂

  2. ¡Horror! No sabes como me fastidia cometer faltas de ortografía. Este fallo me viene por interferencia con el catalán, que hace estas formas con v. En fin, creo que ya está corregido y te agradezco la delicadeza a la hora de hacérmelo ver. Por favor, no dudeis en advertirme de nuevas posibles faltas.
    Y gracias por el comentario elogioso, Siralsen. Immerso en una pequeña crisis creativa, se agradece que de vez en cuando te digan que algún texto funciona.
    Para Cristina:
    De happy flower nada. Estás en lo cierto.
    En fin un beso y un abrazo a todos.

  3. Crec que ja s’ha entés, però en la tercera frase volia dir: Sí (amb accent), crec que sí que hi ha gent que ho fa.
    Perdoneu però a mi també em fa molta ràbia fer errades d’escriptura i últimament em proposo buscar al diccionari tot aquell dubte que se’m presenti.Que són molts. Estoy en ello.:)

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s