La rata (metamorfosis aún no resuelta)

Hola a todos. Soy yo, de nuevo. Algunos quizás os acordeis de mi: soy aquella rata que apareció por aquí a finales de octubre. Aquella rata sórdida y mezquina, aquella rata traicionera y huidiza, cínica, cobarde, gorda y asquerosa y no sé cuantas cosas más. Aquel insufrible parásito que harto ya de su sucia naturaleza y avergonzado de su existencia miserable decidió metamorfosearse en un ser luminoso y superior, como dije entonces. Un ser que no era otro que… sí, veo que os vais acordando.

Pues bien. Desde entonces han pasado cosas. Bueno, tampoco os penseis lo que no es; lo importante no ha sucedido aún. La metamorfosis está aún pendiente. Sigo siendo una rata, pero ya no soy aquella rata. Y todo gracias a un regalo del destino, un feliz encuentro, un hecho fortuíto pero determinante, almenos por ahora. Os cuento.

He conocido a Firmin. Sí, Firmin. Una rata como yo. Bueno, como yo en el sentido biológico de la expresión, alguien que como yo nació de padre rata y madre rata -la suya alcohólica, por cierto- y de quien a simple vista nada me diferencia o bien poco. Quizás Firmin tenga menos barbilla que yo, pero da igual. Firmin se ha convertido en mi referencia, en mi modelo absoluto, a la espera del otro cambio, el superior y definitivo.

Con Firmin he aprendido que una rata no tiene porque ser ese cúmulo de defectos que yo era, y que un poco sigo siendo, pero ya menos. Con Firmin he descubierto que una rata también puede ser alguien bueno, sensible, bienintencionado. Alguien capaz de ser feliz desde el momento en que asume que su condición de ser ínfimo no le impide proyectar un mundo de sueños y fantasias. Alguien con un mundo interior tan rico y tan preclaro, tan bello y fantasioso que no necesita de nada mas para soportar el peso de la vida. Un mundo interior en contínuo movimiento gracias al carburante del cine, de los libros, y a una nómina reducida pero suficiente de ángeles de celuloide, sus adoradas beauties. Alguien que desde su ventanita muda mira al mundo y lo entiende desde dos prismas superpuestos: el de la inteligencia y el de la bondad del corazón.

Pero sobre todo lo que más bien me ha hecho es descubrir que una rata puede vivir bellas historias de amor con los humanos. Bellas y tristes, como la que Firmin vivió con Norman. ¡Qué obtuso, Norman, que injusto e ingrato! Bellas y felices, en contrapartida, como la que vivió con Jerry, el estrambótico escritor, ese outsider genial autoqualificado de “el hombre más listo del mundo”.

Firmin, yo por ahora me conformo con llegar a ser la mitad de lo que eres tú.

Pero algo de mi antigua condición permanece en mi, y hace que siga siendo ambicioso, envidioso, obsesivo. Algo me hace querer más. Sí, admiro y quiero a Firmin, tengo mucho ya de él, pero aún no me veo capaz de renunciar a ser ese otro, ese ángel terrenal, a ese prodigio que con todas mis fuerzas deseo ser. Sí, Steward. Aún quiero ser tu. Aún eres mi principal wannabe.

Y es que cuando ya creía haberte olvidado te volví a ver, y se removió en mi interior toda mi antigua pasión por ser tú. Te vi de casualidad en el metro de Tokio, mientras grababais el video-clip de So lonely (creo que ya lo han colgado en el Youtube). Steward, ser perfecto, humano de clase A, ser de carisma absoluto. Brillas solo estando. Eclipsas todo, incluso a esa pseudo-vedette llamada Sting. Pobre Sting, nada es a tu lado, por más que se haga el interesante con su pose de robot y esas gafotas, desgañitándose con esa voz de pato estrangulado (aunque hay momentos en que tampoco logro entender qué estás haciendo tú por ahí detrás, con el walkie).

Y ahí estoy, Steward, aún queriendo ser tú. Y te juro que lo conseguiré. Aunque de momento me limite a copiarte en lo superficial. Por eso me compraré una chaqueta de piel negra como la tuya. Me pasaré por Bershka (¿en Bershka venden chaquetas de piel?) para ver si encuentro una de mi talla. Sí, ya sé que en cuanto me vean entrar, a las dependientas les entrará la típica, ridícula e injustificada crisis de histeria y que se subirán a los mostradores y a la primera silla que encuentren, pataleando y chillando, y que el encargado me perseguirá como un loco con una escoba, pero lo tengo que intentar. Con esa chaqueta me sentiré más cerca de tu esencia. Y a partir de ahí, poco a poco.

Y cuando llegue el día… qué bella mezcla, qué fusión más perfecta… Firmin y Steward Copeland.

 

(Música para el texto: Why can’t I be you, The Cure. O si preferís, So lonely, The Police)

 

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7 thoughts on “La rata (metamorfosis aún no resuelta)

  1. Primero: no soy muy entendida en el tema, pero diría que Bershka es una tienda de ropa de chica. Dudo que tengan chaquetas de piel, en todo caso de plástico imitando piel…
    Si quieres imitar a Steward tendrás que ir a una tienda de más categoría, de esas en las que la gente guay y progre se gasta la pasta y después disimula haciendo combinaciones raras y estrambóticas para que parezca que lo han comprado en qualquier tienda progre.
    Segundo: Sting no te preocupes, todos los que te critican querrían ser como tu y tener un séquito de chicas gritando como locas, y queriendo tener un hijo tuyo….jajaja.

  2. Bershka, Oh, Bershka, paraíso soñado… Cierra tus ojos y todos tus sueños de belleza y glamour se verán realizados en Bershka.
    Itaca, Eden, Eldorado, Arcadia… ¿qué son al lado de la Bershka sublime? No son más que antros sucios y desapacibles.
    ¿Delirios de rata paranoica? Puede que sí.
    En cuanto a Sting… me abstendrá de seguir hablando de este farsante para no herir más susceptibilidades.

  3. SER OTRO

    Uno es uno. Y solo ese que es. Pero el deseo de ser otro es tan fuerte que nos acompaña siempre. Nos disfrazamos en Carnaval. Jugamos a juegos de rol. Nos construímos identidades falsas en Internet. Creamos nuestra propia personalidad ficticia, y a veces nos mostramos al resto del mundo como otro que no somos, ocultando nuestro “real self”,puramente por el deseo de ser otro… porque no nos gusta ser quienes somos.
    Pero estamos dentro de nuestra propia piel, y nuestra piel es esa música que no viene de ninguna parte pero que está siempre sonando, vayamos donde vayamos, y que nos obliga a bailar a su son.
    ¿Cuantas vidas se podrian vivir dentro de una única piel? Lamentablemente solo una. De ahí el mito del “ser otro”. Sí, da rienda suelta a tu fantasía y juega. Juega al juego de ser esos miles que nunca serás. Yo me apunto. Pero quisiera, al menos, pensar que ser ese que me ha tocado ser también tiene sentido, también vale la pena, también puede ser bonito.
    Y que eso sea así tan solo depende de mi.
    Y si a ti te pasa lo mismo cambia ese “mi” por “ti” y asunto concluído. Y de paso descubriremos que no estamos tan lejos los unos de los otros.

    Adso dixit.

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