Ángeles

-¿Quieres firmar ahora? Puedes pensártelo. Llévate el documento a casa y acaba de meditarlo. Tampoco hay que precipitarse.

Fueron las últimas palabras que le oí antes de que desapareciese, misteriosamente, mientras yo leía por segunda vez aquel folio, doblado en tres pliegues, redactado a la manera de los textos oficiales, o jurídicos, no sé bien como decirlo. Su silla quedó vacía, su cortado a medio terminar, su Camel light aún humeando.

Aparentemente nos habíamos encontrado por pura casualidad, pero obviamente no era así.

El encuentro había sucedido apenas una hora y media antes. Yo iba andando por una calle peatonal, con árboles. Era una tarde gris de un lunes sin pena ni gloria, de aquellos lunes anodinos y sin interés. Había gente andando a mi lado, desconocidos, cuando noté que una voz me estaba hablando: “No me lo puedo creer: ¿eres tu?”, me decía. La miré. Tardé tres segundos en reconocerla (situación ilusória, puesto que jamás en la vida había yo visto aquel rostro antes). “¿Carla? ¿Eres tú?” Sonrió, asintiendo con la cabeza. “Sí, soy Carla. No has cambiado nada”, me dijo. “Tú tampoco. Bueno, sí, te noto más… no sé, diferente”. Se rió: “Sí, ya sé cómo me notas…”

Estabamos en medio de la calle, mirándonos. Yo no salía de mi asombro. Después de tanto tiempo… otra vez Carla. “¿Hace un café?” dijo ella, por fin.

¿Cómo la notaba? Más… angelical. Se lo dije, ya sentados en la mesa de aquel café que hacía esquina. Se volvió a reír. Remarcó que el ángel y el demonio son seres que provienen de una misma estirpe, y que no me dejase engañar por las apariencias. Y empezamos a hablar.

Era extraño: mientras yo hablaba tenía la sensación de no controlar mi discurso, como si todo lo que fuese a decir ya estuviese escrito de antemano, como un guión que únicamente tuviese que leer. Y además como si todo lo que yo pudiese decir ya fuese, también de antemano, conocido por ella.

Y cuando ella habló también pasó algo cuanto menos curioso. Su forma mudó a la de una niña de nueve o diez años que me hablaba con un discurso de anciana. Era incluso algo aberrante, y sentí un escalofrío.

Todo lo que decía era inapelablemente cierto. Jamás había oído a alguien hablar con una coherencia tan brutal sobre las cosas de este mundo. Inevitablemente la conversación se fue centrando en mí y en mis cosas, mis vaivenes por los mares de la incertidumbre y la confusión. Hasta que ella metió la cuña definitiva.

Estás harto, sí. Lo sé. Pero no debes echarle la culpa de todo al mundo y a la gente. Piensa en todos aquellos que igual de hastiados que tú decidieron cambiar. Hoy encajan perfectamente en lo humano, aunque hayan pagado el precio de ya no ser ellos nunca más. Sé que esta opción no la contemplas. Y es plenamente respetable. Solo te pido que tengas muy claro que tu desencaje viene determinado, fundamentalmente, por tu particular forma de ser, a la cual tú no estás dispuesto a renunciar. No pasa nada. Tus defectos y tus virtudes te hacen único, pero tu particularidad es la madre de todas tus insatisfacciones. Tus virtudes son defectos a ojos del mundo. Y tus defectos solo eso, defectos.”

Y entonces sacó el sobre. Extrajo de él ese folio doblado en tres pliegues. Lo extendió delante mío. “Te he traído esto. Léelo. En cuanto firmes, los términos de este documento entrarán en vigor de manera irreversible.”

Lo leí. Asombrado, lo releí.

-¿Quieres firmar ahora? Puedes pensártelo. Llévate el documento a casa y acaba de meditarlo. Tampoco hay que precipitarse.

Así lo hice. He leído el documento docenas de veces. Me lo sé de memoria, por eso os lo transcribo literalmente.

 

Resolución de alejamiento

 

Yo, ………………………………………. (aquí tiene que ir mi nombre), escritor que no escribe, vagabundo, sin medios de subsistencia, pedante, charlatán, mentiroso, soñador ridículo, egocéntrico sentimentaloide, resuelvo:

Apartarme de toda forma de vida humana bajo cualquiera de sus modalidades, presencial, epistolar, virtual o cibernética.

Los plazos de esta resolución son anuales, hasta un máximo de tres, al término de los cuales el alejamiento pasará a ser indefinido e irreversible.

Barcelona, a 21 de febrero de 2008.

Firmado,

 

Tengo este documento encima de mi mesita, con un bolígrafo encima, pendiente de firma. En medio de la noche suelo despertarme, con ajetreo interior. Entoces cojo el bolígrafo y me dispongo a plantar mi firma. Pero de momento, siempre que lo he intentado, ha pasado lo mismo: una mano de ángel me agarra suavemente la muñeca y me lo impide. Suele ser siempre el mismo: un ángel de ojos limpios. Pero no es el único que acude. Tambien acude el ángel Carla, que observa la escena sonriendo enigmáticamente.

 

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5 thoughts on “Ángeles

  1. Bueno, vamos a ver:
    Hace tiempo que dejé de tener abuelas, así que yo me lo guiso y yo me lo como. No, quiero decir que el texto es bueno, ¿no?
    Qué digo bueno, buenísimo , de Premio Nobel para arriba.
    Aunque algún lector pespicaz puede detectar en él algún indicio de fraude. Como soy consciente, confieso: hay una parte del texto que está al borde del plagio. Es el documento. El documento es muy parecido, muy muy parecido (aunque no exacto) al que aparece al final de la novela Firmin, de Sam Savage, bajo la influencia de la cual sigo estando. Hay cosas que uno lee y que le dan envidia, envidia de no haberlas escrito uno mismo. Me pasó eso y decidí copiar, por el puro gusto de hacer algo parecido al autor admirado.
    Ni existen los ángeles, ni las niñas hablan como las viejas ni me voy del reino de los humanos. Puros ejercicios literarios. Solo eso.
    Un beso

  2. Ahhh, això ho dius perquè sabies que entraria com una bala a dir-te que per si de cas aquesta història tinguès res a veure amb la realitat i t’estiguesis plantejant seriosament apartar-te, allà on tu dius:

    “Entoces cojo el bolígrafo y me dispongo a plantar mi firma. Pero de momento, siempre que lo he intentado, ha pasado lo mismo: una mano de ángel me agarra suavemente la muñeca y me lo impide.”

    Jo afegiria:

    “una mano de angel te agarrará la muñeca todo lo suavemente que tú quieras pero yo lo que te agarraría serían las pelot….”

    No et darán el Nobel per aquest text, però jo (que sóc ALGÚ) m’el he cregut. Noi m’has fet dubtar de si era real!!, no en tens prou amb això?

  3. Siono, pletòric retorn, el teu…
    Bé, la frase que em proposes és més pròpia del Sir Suripanto, i no és el meu estil, ja ho saps, per alguna cosa ens vas aparellar com a antagònics, d’alguna forma, no? Tot i que confesso que aquesta forma procaç d’escriure em té bastant seduit, però bé, jo encara no estic en aquesta tesitura. Prefereixo ser jo mateix, de moment. I bé, tu no t’ho creuràs, però arrel del text ja he rebut un sobre amb el segell de l’Acadèmia Sueca (es diu així?)
    En tinc prou amb que entris i em llegeixis, i si a sobre comentes ja és increïble. Com en els vells temps, no?
    Toni, tu ja voldries que expliqués massa, i potser no convé. Per cert, tu hi has vist l’ombra de Firmin, no? Crec que el proper post anirà dedicat a aquesta novel.la tan i tan bona.
    Una abraçada a tothom

  4. A mi em va passar com a la siono, me’l vaig creure tant, em va entristir tant que no explico el que va succeir després……està molt ben escrit i és, no sé com dir-ho, molt directe i fresc.Contundent…per variar no sé trobar l’adjectiu adequat.
    Per cert, no sé quina és la mà que l’empenta a signar però tampoc la que l’impedeix fer-ho, seria interesant saber-ho però segurament restaria intriga i encant a la peca, no?

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