¿Qué me cuesta?

Creer que es cierto que tienes una niña que se llama Rebeca y comprarte un mechero para que puedas comprarle unos calcetines a rayas.

Confesar que salí a mi ventana para ver si aparecías con tu mirada limpia. Y admitir que yo no soy como tú porque de niño jugué muy poco en la calle, y que por eso admiro tanto como eres, como pides las cosas, como sonríes y como acaricias el mundo.

Sentarme en lo alto de esa piedra y esperar a que las luces del pueblo empiecen a brillar mientras el sol se despide con su estela púrpura a mi derecha, tras esas montañas de abetos oscuros. Solo por ver, nada más. Solo por contemplar.

No juzgar a ese que en la barra del bar presume de la noche que le espera, noche de picos pardos a golpe de visa y prostíbulo. Bien alto, para que se entere todo dios, especialmente la camarera china que le sirve las copas de Soberano.

Volver a pensar que ya es de muchísimo valor volver a salir por esa puerta y pisar la misma calle que pisé ayer.

Convencerme de que los dos de esa mesa no somos ni tu ni yo.

Decirte qué bueno está todo. Y más cuando es verdad, porque está todo buenísimo.

Seguirle la corriente a esa chica gordita, que mira que es pesada, pero que si lo es tanto es porque no sabe ser de otra manera.

Soltar las riendas de todo lo que aún me queda por decirte.

Colgar el cartel de “he salido un momento” asumiendo que quizás ese momento no tenga fin. Para volver al cabo de nada, romper el cartelito y aceptar que en el fondo nunca me iré a ninguna parte.

Entender que no todo el mundo es como yo, y que el mundo no tiene porqué ser como a mí me gustaría que fuese.

Aceptar que tan honorable es quemar todas tus naves como cuidar de tu propio huerto. Incluso del huerto ajeno.

Dar más que pedir, que estoy convencido de que no tiene que ser tan difícil.

Irme un rato al cine, que al final esa película la van a quitar de la cartelera.

Y descansar un poco, que tampoco tengo tantas facturas por pagar. Que aún me crees. Que aún te acuerdas de mi nombre.

 

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3 thoughts on “¿Qué me cuesta?

  1. Arribo a la feina, reviso el correu, no hi ha missatges nous i em fa ràbia, m’agradaria rebre més mails, que així sembla que pensen més amb un. Tot seguit et busco a google i veig una nova entrada, un nou títol, i m’alegres el matí. És dificil parlar profund amb paraules belles i senzilles com fas tu. I compenses els mails que fa dies no rebo.

  2. No és fàcil de comentar, ja que és força íntim. Però quantes vegades no m’he sentit així, “deixada anar”, en el rebombori d’un bar de ciutat, amb algú o sola i, sobretot, amb aquella dosi de melangia de no se què. La primavera és una estació ambivalent, em desperta la melangia, i es fa insoportable. Tens la virtut d’explicar coses belles i profundes amb un llenguatge net i senzill. He tornat a gaudir llegint-ho.

  3. Hola Violant, hola de nou.
    Molt content que t’hagi agradat el text. A vegades només cal mirar dins d’un mateix i les coses van sortint soles. El cas és que aquest text no me’l vaig pensar gaire, em va sortir a raig, i amb certa urgència perquè feia dies que no penjava res i ja tocava.
    Bé, el repte és no decebre en les properes entregues.
    Un petó i fins ben aviat.

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