Capitán Vidal

De los oficiales de una milicia, quizás sean los capitanes los que más admiración despiertan. Un buen capitán suele ser inteligente, valiente, justo, leal, con capacidad de mirar más allá de lo concreto, de entender el contexto general en el que se desarrolla la contienda o la batalla. Un buen capitán suele ser alguien con ideales, con honor, con dignidad, pero sobretodo un buen capitán es aquel que goza del respeto de todos sus hombres, del primero al último. Alguien en quien sus hombres confían ciegamente por el hecho de haberle visto dar la cara a fuego abierto, jugarse la vida, antes que por él mismo, por su compañía.

No, no me entusiasma lo militar. El militarismo me repugna. Pero entiendo que hay situaciones que justifican la toma de las armas. Hay cosas que solo se pueden combatir mediante el esfuerzo organizado de tipo armado. Supongo que el fascismo es una de ellas. Porque supongo que las agresiones severas a la libertad exigen una respuesta defensiva contundente, y esta inevitablemente pasa por las armas. Y no, no justifico nada que no sea la defensa del pan, la tierra y la libertad.

Por eso te admiro, Capitán Vidal.

Me fascinan de ti un montón de cosas. Tu entrega, tu valentía, tu proximidad, tu lealtad. Tu fuerza, tu carácter. Tu ilusión, tu fe en lo que crees, tu fe en los ideales que defiendes, porque tú, Capitán, defiendes tu visión del mundo: eres un capitán con ideología.

Tu ideología te llevó a luchar. Tu idea revolucionaria. Transformadora. La más radical. La que hoy en día cuatro sucios, cuatro parásitos, cuatro con flautita y perro, que roban botellas de Jack Daniel’s en las tiendas de los pakistaníes, tienen la poca vergüenza de hacer suya. La ideología ácrata, libertaria, anarquista. Sí, ya lo sé. Hay mucho que objetar al respecto de esta ideología, pero posiblemente esté entre las más bellas utopías humanas. Y tu la defendiste. Pagando el precio de la derrota.

A propósito de tu derrota, admirado Capitán, sé que lo que para ti fue más doloroso fue que te derrotó la traición. No la traición de los tuyos, sinó de tus supuestos aliados, los comunistas al dictado del lejano Stalin. Y te traicionaron, a ti y a los tuyos, del modo más sucio, poco elegante, más risible: alegando que conspirabais con los fascistas de Franco. Vosotros, en primera línea de fuego, en aquel lejano 1937, en el frente de Aragón, erais ya, según los estalinistas -verguenza del comunismo- directamente cómplices del fascismo.

Y se perdió esa guerra, y un montón de cosas volvieron a las tinieblas. La regresión cultural fue tremenda, solo por citar algo. Esa guerra se perdió. La perdistes. La perdisteis, y en el fondo la perdimos todos, porque estoy convencido que aún estamos pagando el precio de aquello. Quizás ya sean solo flecos. O quizás estoy exagerando y la Historia ya ha pasado página correctamente, pero sospecho que aún queda mucho por hacer.

He tenido la suerte de crecer en un mundo plácido. En un mundo que no me ha obligado a posicionarme de modo crucial hasta el punto de tener que coger un arma. Con suerte, moriremos y no habremos conocido la guerra. Es lo más probable. Pero nunca he dejado de preguntarme qué hubiera hecho yo si me hubiese visto en vuestras circunstancias, en las circunstancias de mis abuelos, sin ir más lejos. Qué tipo de valiente, qué tipo de cobarde hubiese sido yo. Lo que sí que tengo claro, admirado Capitán, es que en esas mismas circunstancias yo hubiera quierido ser como tú.

Quizás me fascina en exceso tu carisma, no lo niego. Pero todo lo que te he dicho es sincero.

Allí donde estés, recibe mi abrazo, Capitán Vidal.

 

 

 

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5 thoughts on “Capitán Vidal

  1. El Capitán Vidal no es fruto de mi invención, sinó de la de Ken Loach en la película “Tierra y libertad”, y figura que es un oficial de las Milicias trotskistas (POUM) que lucharon en la guerra del ’36 en el frente de Aragón, junto a miembros de las Brigadas Internacionales que decidieron no secundar las directrices del PSUC, partido que se hizo con el poder tras las luchas internas en el bando republicano.
    Hay quien acusa a Loach de panfletario. Mi texto puede que lo sea también bastante. Pero es un homenaje a la valentia y a la defensa de las utopías.
    Se le puede ver en acción en Youtube.

  2. “El militarismo me repugna”… però admets que segons per a què és necessari… com els xarops i els supositoris, no?

    Bé Jaume, l’escrit em sembla força honest. El que és a mi, no m’agradaria gens ni mica viure en un país sense defenses, tot i que seria tant bonic no haver de necessitar-les…

  3. Hola, Siono, m’agrada veure’t per aquí.
    Hi ha el fet militar, justificat en segons quines situacions. Després, i molt diferent, hi ha el militarisme, tan propi del feixisme.
    Entretant… sí, un supositori 🙂

  4. Bernard, cuanto tiempo sin verte por aquí.
    Sepas que estoy a punto de ascenderte a Capitán del Primer Batallón de Escritores Procaces.
    Sí, sí, tu admirable escritura procaz. Yo aún no tengo ese punto…
    Mi blog está en parada técnica, pero ya pronto me arranco, o eso creo.
    Un abrazo y sí… ¡Firmes!

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