Dispersiones

 

Creo que no miento si digo que soy pacifista. Puede que haya quedado en mí un poso de hippismo por influencia de mis primos mayores, que cuando yo era un crío eran, o almenos aparentaban ser, hippies. Yo les admiraba por el simple hecho de ser mayores, estudiar carreras, ir a festivales de rock de aquellos que duraban días o incluso semanas. Y por su estética, naturalmente: aquellas melenas, barbas, túnicas, colgantes. Se me escapaba entonces que en el fondo, si eran -o iban de- hippies era porque eran unos hijos de papá, que siempre pudieron recurrir a la bien nutrida billetera de sus padres en caso de apuro. También recurrieron, cuando ya el tiempo apremiaba, a la influencia social de estos para conseguir colocaciones, puestos, empleos nada mal remunerados, cuanto menos nada mal prestigiados. Creo que así fueron la immensa mayoría de jóvenes de aquel movimiento. Jóvenes en el fondo muy poco comprometidos con la transformación de la sociedad. Y de los cuales quizás tan solo recordaremos su posicionamiento en favor de la paz, algo tan etéreo, inconcreto y genérico como la paz. Ojo, y no quiero dar a entender que no considero la paz como un valor elevado, preciado.

Pero la paz no es la mera ausencia de guerra. Ni de conflicto. La paz verdadera es la que descansa sobre la justicia social.

¿Hay justícia social en nuestro tiempo? Puede que la respuesta sea no, dado el poso de insatisfacción general y de infelicidad particular que tantas veces se huele y se masca. Pero nadie mueve un dedo. Nadie sale a la calle. Todo queda en cabreos de desayuno en el bar.Y creo que las razones de esta pasividad colectiva obedecen a una eficaz inoculación de “veneno sedante” que el sistema, hábilmente, ha introducido en nuestras venas. Anestesiados contra la capacidad de respuesta crítica, seducidos por la televisión de plasma, así nos tienen. Lo sé porque lo he visto.

Lo he visto porque me he dado una vuelta por ahí, y de lo que he visto he quedado un poco harto.

He constatado que existe un terreno común en el que se mueve casi todo el mundo, un terreno común hecho de nimiedades, de ídolos de paja, de video-clips espantosamente vacíos, de claudicaciones voluntarias, de obsesiones colectivas que no van más allá de la arruga y del tratamiento anti-celulítico. Yo, que me movía mejor en los límites exteriores de la galaxia, cuando he entrado a ver un poco lo que hay por ahí dentro he quedado, como decía más arriba, francamente, un poco harto.

Harto de tanta superficialidad. Harto de tanto graciosismo, de tanta ocurrencia barata, y de tanto juicio fácil. De tanta fascinación por lo insustancial. Harto de tanto borreguismo disfrazado de sapiencia. Harto de tanto “ji-ji-ji, ja-ja-ja” y de tanto freakismo de patilla y mantel a cuadros. Harto de tanto Muchachito y de tanto Bomboinfierno. De tanto cutrismo. De tanta Maripili y de tanta teleoperadora potencial.

Harto de modelar bloques de granito -me encanta la expresión “picar piedra”- y que cuando parezca que ya el bloque tiene consistencia resulte que una vez más, al intentar levantarlo para calibrar su peso específico se quede en nada, en cenizas, en polvo de lo más vulgar.

Harto de tanta gente con orejeras incapaz de abrir ni siquiera un cuarto de grado el ángulo de sus perspectivas. De tanta clase-media- nuevo-rica sin memoria pero con humos. Sin memoria de aquellos campos. Sí, de aquellos.

Harto de tan poco espíritu de lucha.

Harto de tanto tiempo variable, de tanto carácter voluble, de tantos y tantas sin-proyecto. Harto de tanta auto-generación de porquería existencial para consumo propio. Hasta el moño -por no decir harto- de tanto tipo que va de gratis por la vida.

En cuanto puedo meto la cuña e intento remover alguna consciencia, pero el resultado suele ser decepcionante. Y cuando te cansas, te cansas, y solo queda una opción.

Final para el texto: dicho lo dicho, poco más queda por decir. Me espera el Halcón Milenario con sus motores encendidos, y su fiel copiloto -Chewbaka- presto a preparar el despegue.

En el límite exterior de la galaxia tampoco se vive tan mal.

 

 

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2 thoughts on “Dispersiones

  1. No t’ho creguis! En el límit exterior de la galaxia ha de fer un fred de por!
    Encara que només rebis que decepcions, val la pena continuar removent consciències.

  2. Això sí, veus? Això sí perquè crec que és quelcom innat a la meva condició de mosca collonera. O bé, almenys a de les meves facetes.
    Gràcies per venir, Ferran. Aviat et visitaré.
    Salutacions.

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