Lo apasionante que debió ser

 

Os conocí en una reunión familiar en casa de mi tío. Aburrido, esperando la hora de comer, en un rincón de la bodega donde se celebraría la comida, hallé esa vieja cinta de cassette. En la portada, cuatro chicos con flequillo miraban hacia abajo, sonrientes, desde un balcón. Vosotros.

Pedí a la cocinera, que andaba en la dependencia contígua -la abuela de mis primos, una señora que ya no sé si hoy aún vive- si la podía escuchar. Me dijo que sí, pero que no pusiese el volumen muy alto, porque a los viejos la música fuerte les molesta. Metí la cinta en el viejo reproductor, le di al “play”, y entrasteis en mi vida.

Lo más extraño fue que, aunque prácticamente no os conocía -tan solo sabía que existíais y quizás os relacionaba con lo del submarino amarillo- sentí que al escuchar esas canciones me resultaban enormemente familiares, de algún modo las reconocía, pese a no haberlas, supuestamente, escuchado antes. “Love me do”, “please, please me”, “All my loving”, “Eight days a week”, “A hard day’s night”, sonaron más que como una novedad, como una reminiscencia.

La explicación puede ser doble. Dada la perfección de esas composiciones, puesto que las melodías són un auténtico logro, que ni sobra ni falta un solo acorde, la vivencia de lo bello es plena, en el sentido de que lo que llega al oído y a la sensibilidad puede que sea algo que ya es en sí y como tal se reconoce. Como si el mérito de los compositores no fuese componer sinó descubrir. Esta es una explicación, quizás demasiado metafísica. La otra, más plausible, me hace pensar en que en años en que uno es muy pequeño puede que ya haya estado expuesto a la escucha de esas canciones, sin ser consciente de ello, con lo cual la familiaridad misteriosa obedece simplemente al despertar de ese recuerdo dormido. Vaya, igualmente esta explicación sigue siendo bastánte platónica.

Le pedí a mi tía si me dejaba llevarme la cinta a mi casa, y directamente me la regaló. Me extrañó que no le importase desprenderse tan fácilmente de algo que a mí me parecía de otro cielo. Y así esa vieja cinta se convirtió en mi primer tesoro musical. Quien sabe hoy donde para. Esa cinta se me rompió quinientas veces, y quinientas la reparé con cinta adhesiva y esmero. Tuve más. Y discos de vinilo, y Cds. Tuve toda vuestra discografía. Presté discos que no me devolvieron, hice yo lo mismo en alguna ocasión. Hoy presumo de conocer, de saber, y hasta de tocar todas vuestras canciones. Me convertí para siempre en beatlemaníaco.

Os convertisteis en ídolos. En mitos, en seres perfectos.

Con el tiempo esa febril pasión por vosotros se fue mitigando. Llegué a entender, porqué leí sobre vosotros, y por elementos que la vida te da de modo natural, que no erais más que seres de carne y hueso dotados de una habilidad especial, protagonistas de unas circunstancias históricas muy concretas, cuando no víctimas de un fenómeno que a vosotros mismos os desbordó. Sinó, ¿porqué, Paul, escribiste “Yesterday” y tú, John, escribiste “Help”?

Y aunque para mí ya no seais mitos, el celuloide y vuestras voces grabadas os han fijado para siempre como lo que siempre sereis: “The Beatles”. Esteis donde esteis. Cuando tu, Paul, en tu sala de proyecciones de tu casa -si es que la tienes- te ves interpretando la pieza final de la película “A hard day’s night”, no te estás viendo a ti, sinó a ese ente eterno llamado El Beatle Paul McCartney.

Todo va un poco por rachas, y ahora vuelvo a tener mi revival nostálgico con vosotros. Gracias a Youtube os puedo ver siempre que quiero. Y sonreír pensando que gracias a vosotros la anatomía musical de mi cerebro siempre priorizará la riqueza harmónica, antes que cualquier otro aspecto. E imaginar lo apasionante que debió ser el hecho de ser un Beatle. Y envidiar que por ejemplo tú, Paul, puedes pensar, cada día cuando te levantes, cada segundo de tu vida, “sí, yo fui un Beatle”.

Paul, siempre brillante, luminoso. Uno entre cien millones tiene tu don.

John, alma tormentada, loco cínico, niño sin madre.

George, agua tranquila, hoy polvo en el viento. Como John, ya no volverás.

Ringo, sentado en tu mecedora, aún no te crees que todo aquello fuese real.

 

Música para el texto: Hello Goodbye, The Beatles (cómo no)

Hello Goodbye, posiblemente la canción con más monosílabos de la história de la música pop

 

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3 thoughts on “Lo apasionante que debió ser

  1. Hola Jaume. Ho comparteixo plenament. Sembla que la història es repeteix en cada ú de nosaltres i de manera personal. Ara penso en el meu fill(tres anys)el matí que va demanar-me que li posés els Beatles, i tot seguit: No, aquesta no, vull Hello,Goodby (potser la prefereix pels monosíl.labs, senzillesa infantil). Amb les manetes agafa el Cd i es mira llarga estona els quatre nois amb serrell… començament d’una història personal. El que m’impressiona sempre és el com, el començament d’una descoberta importantíssima. A partir d’un escenari quotidià i aparentment tediós, potser sense esperar res més que l’hora de marxar, de sobte, el tresor a les teves mans. Una abraçada i gràcies pels instants que ens regales.

  2. De res, Violant. I sí, tot és ple de curiositats. L’escenari quotidià de la meva descoberta, si te’n donés més detalls, descobriries que no t’és gens, però gens aliè.
    Una abraçada

  3. No cal més detalls, ho he pressentit de seguida. I me n’alegro molt que la descoberta hagi estat allà, en un escenari compartit. Una abraçada.

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