Con nombre de flor

 

Más de una vez me han dicho: “¿Tú no tienes abuela, verdad?”

Puede que con razón. Cierto es que nunca desaprovecho la oportunidad de echarme a mí mismo algún un piropito, algún tejo incluso, y un montón de veces me he sentido encantado de haberme conocido. Antes más que ahora, quizás, pero y qué, no hay nada de malo en autocondecorarse de vez en cuando, si la medallita es real y puede lucir un poco.

No, no tengo abuela, ni en el sentido figurado ni en el sentido literal.

Tuve dos, como casi la gran mayoría de personas, pero en realidad, mi abuela de verdad solo fue una. Tenía nombre de flor, la cabeza en las nubes, corazón de cascabel, pies de bailarina. Escribía sin separar las palabras, y siempre tal como a ella le sonaban. Su Indiana Jones siempre fue Clark Grable (“Gargable”, decía ella), y naturalmente su película siempre fue “Lo que el viento se llevó”. De todos modos, yo creo que si le hubiesen dado a elegir entre su Gargable, Gregory Peck (bien pronunciado esta vez) o Garigrán, se hubiese visto en un terrible compromiso.

Me enseñó a jugar al póker, a la brisca y al remigio. También hizo innumerabrables esfuerzos por enseñarme a bailar el pasodoble, pero ahí fracasó siempre. Aquello me superaba. No sé, lo del póker apostando me fascinaba, despertaba mil resortes de mi imaginario infantil, pero lo de bailar el pasodoble ya me parecía algo como, no sé, demasiado de abuelas.

Por cierto, hablando de pasodobles, ella siempre tarareaba el mismo: “Suspiros de España”. Muchos años más tarde, leí una de las novelas más bellas y conmovedoras que he leído nunca: “Soldados de Salamina”. En varios momentos de la historia, alguno de ellos clave, el fondo musical es justamente este pasodoble. Cuando la leí no asocié en ningún momento el título con ninguna melodía. No fue hasta que no vi la adaptación cinematográfica de David Trueba -grandísima película, también, creo- que no hice la conexión. En la escena, bellísima, en que el soldado republicano rompe filas para bailar con su fusil bajo la lluvia, yo juraría que no hubo nadie en la sala de ese cine que no se emocionase hasta lo más hondo. A mí, a demás, me sobrevino la carga de emoción añadida por el recuerdo de mi abuela con nombre de flor.

Ella murió tres veces en esta vida. La tercera fue la esperada, la previsible, la natural. La primera, cuando enviudó a una edad demasiado temprana. Ser viuda en la España de posguerra, al parecer, era un estigma social considerable. Y bien absurdo, por cierto. Allí se vio sola, apartada, olvidada. Alguien llegó a decirle que ya se sabe, que en esta vida no todo van a ser fiestas ni bailes de mantones. Cochina envidia. Pero con los años revivió, como no podía ser de otra manera.

La muerte que más me afectó fue su segunda, cuando una larga, indetectable y fastidiosa enfermedad le cambió el carácter de raíz. Se volvió lo contrario de lo que siempre fue. Ahí perdí a mi abuela, la más cariñosa del mundo, la más alegre. La fui perdiendo día tras día, y es duro decirlo, pero ya hacia el final no era otra cosa que una carga. Por eso cuando murió de verdad no la lloré. No tuve la sensación de perder a nadie.

Hoy, visto todo esto no desde los ojos de un crío, habiendo vivido ya algo por estos mundos de por aquí, no me estraña nada la visión que ella tenía del Cielo. Una vez se lo pregunté: “Yaya, cómo es el cielo?” Me respondió que el Cielo es un sitio triste donde todo el mundo viste túnicas blancas. Yo no me quedé muy convencido, pues disponía de otras versiones más oficiales, no tan “sui géneris”. Pero no me estraña que ella lo viese así. Cómo no lo iba a ver así, puesto que este supuesto Cielo no es más que el espacio insalvable que separa a las personas. Cómo no lo iba a ver así alguien como ella, tan apegada a lo terrenal. Alguien con nombre de flor, sentimiento puro, feliz como nadie de vivir.

Sí, de vivir.

Música para el texto: Súspiros de España, A. Álvarez  

 

Advertisements

6 thoughts on “Con nombre de flor

  1. De paseo por Youtube: sugiero la versión que aparece en el vídeo que ofrece luismanolo. Es la versión orquestal, fiel a la partitura original.
    Desaconsejo la versión de El Cigala, pero púramente por falta de gusto personal mío.
    También está disponible la secuencia cinemátográfica a la que aludo en el texto.
    Saludos

  2. Entrañable. Mi bisabuela, que era un poco como tú cuentas (viuda a una edad temprana, vivió esa época, etc) en lugar de pasodobles me enseñaba a hacer media y ganchillo, y me contaba las historias de películas de su época.

  3. Puro sentimiento, me gusta mucho el texto. Las abuelas que en cierto punto pierden la mirada y ya no són lo que eran, qué pena. La mía para mi era la superabuela, llego a Barcelona sola el día en que estallaba la guerra. Todas tuvieron que vivir mucho, sufrir mucho, pasar
    mucho.

  4. María:
    Pensando en todo esto creo que lo más bonito puede ser recordar lo que estas personas nos enseñaron, todo lo que nos dieron. Seguramente no nos dábamos cuenta porque éramos demasiado pequeños, pero estoy seguro de que para ellas fuimos bálsamo para muchos de sus dolores.
    Gracias por leer, María.

    Alegría:
    Pues sí. Supongo que nos podemos sentir afortunados en muchos aspectos. Puede que estuviesen hechas de otra pasta. O de la misma que nosotros, quien sabe, pero por circunstancias tuvieron que responder como lo hicieron. Más de una heroína anónima ha pisado estos mundos, verdad?
    Gracias, una vez más.

    Saludos, y que duren vuestras ganas de pasar por aquí.

  5. Vaya homenaje le has dedicado, Jaume. Aún no he leído la novela de Cercas. He de hacerlo. QUizás este mes. La apunto. La película menos. El cine español, no sé por qué razón me produce urticaria, pero sólo algunas películas. Esa como no la he visto no puedo opinar.
    Saludos, nieto!

  6. Blumm, no creo que “Soldados de Salamina” te desagrade. Es una novela que al principio dices bueno, un poco justita, ¿no?, pero a medida que vas leyendo crece y crece. Y lo sorprendente es la mirada de Cercas sobre la guerra civil. Sin prejuicios.
    En fin, que si la lees me interesará leer tus impresiones en algún lado.
    Y la película, sinceramente, una vez leído el libro, no estorba verla.
    Un placer, Blumm.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s