Andalucía (I)

 

Sevilla

 

Siempre hay un momento mágico cuando visitas ciudades nuevas, y es el de ver por tus propios ojos aquello que has visto en centenares de imágenes en libros, postales, documentales. Ver por primera vez, y de modo inesperado aquellos emblemas únicos. Big Ben, Torre Eiffel, Fehrsehenturm y similares. Ver por primera vez.

Sevilla, verde sobre fondo azul, a pie de callejuela estrecha, con su recorte de Giralda engalanada. Giralda, con vestido de feria y pendientes de piedra y cielo. Solo para mis ojos, maja elegante y distante. Parecía hablarme, y yo sin entender nada. Solo sé que no pude dejar de mirarla.

Sevilla, cruce de mil cosas. De lo moro y lo cristiano, de lo pobre y de lo rico. De lo amable y lo cercano, de lo falso y zalamero. Azulejos y forjados, toallas límpias en pensiones esmeradas, donde en el timbre, en vez de escribir “timbre” a alguién se le ocurrió que era mejor escribir “din-don”.

Alcázar de ensueño, perla exclusiva para el goce de los reyes, los fuertes de antaño y de siempre, los capaces de derramar sangre a golpe de simitarra o espada, solo por plantar la huella de su poder.

Catedral exacta, perfecta por fuera. Barroca y exagerada en su interior. Exaltación de lo místico en el dolor de Vírgenes y Cristos, corazones apuñalados, lágrimas de María que llora por todos -sentir, hay que sentir como sea. Capillas de plata, obscena muestra de todas las caras del poder. Santos copones benditos de oro y rubíes, igualitos al de la última cena de Jesús.

Gitanas que leen manos: “mal te quiere quien te envidia, y te envidia musho, tu vida é larga, tiene un pronto que é muy malo, la bonita piensa en ti y no conoce otro brazo que lo tuyo, juega a la lotería al cincomí cincuenta, padre te veo de dó niño, y ea, morenito, que la suerte hay que pagarla con alegría, quema este romero a la once y tu deseo se verán cumplio, ea, que la suerte hay que pagarla, morenito”.

Sevilla, hay mucha Sevilla. Triana de flores, Santa Cruz de paseo infinito. Torero negro vestido de rojo con sombrilla toreando coches sobre el asfalto que hierve. Caballos tristes de tanto tirar carreta fina para turista o princesa de mentira.

Sevilla, desde lo alto de la Giralda, paloma blanca y serena, bañada de sol. Apaciguada y tranquila, aguardando a que caiga la noche y el fresco te invite a volar.

Sevilla bonita, algo de ti me llevo. Tu río, tu torre, tu magia. Pero siento que no te pertenezco, aunque mi sangre sea la de todos. No, no es eso; es solo que sé que hay quien te haría bailar mejor.

Ahí quedas, pues, intacta y bella.

 

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2 thoughts on “Andalucía (I)

  1. No lo dudo, Bernar. Sevilla atrapa. Impacta, si como yo eres neófito en ambientes sureños.
    Aparte de lo visual, totalmente diferente a lo que yo conocía hasta entonces -solo vi algún rasgo de semejanza con ciertos rincones de Medrid- me sorprendió la enorme carga de historia que hay en esa ciudad. Se palpa, está ahí a la vista.
    Cuando dices “su parte sevillana” quizás te refieres a la parte de más acá del río, no sé como va la jugada.
    Al otro lado del Guadalquivir el pescaíto que comí fue excelente, aunque caro. Un hombre de por allí me comentó que lo de comer barato en Triana ya pasó a la historia.
    en fin, gracias por tu comentario, con el valor añadido de que viene de aquellas latitudes.
    Saludos

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