Mi musa colega

 

Dónde está la Musa colega, la que te dicta al oído las frases, las cadencias exactas que solo tienes que atrapar al vuelo. La que te lleva de la mano por los caminitos verdes y las orillas frescas, mientras te señala aquí y allá, “¿has visto eso? Mira aquello de allí. Fíjate en eso otro”. Tu musa colega, que sabe la medida exacta de tu valía y por eso suple con generosidad lo que a ti te falta, porque le hace ilusión lo que a ti te hace ilusión también. La que de su mano solo te tienes que dejar llevar. La que te deja que le agarres la cintura y sueñes por un momento en ser el rey del mundo, el dios de dioses, el capitán de la invencible fragata de la belleza. La que te tiene un poco malcriado, la que en el fondo se vale de ti para desplegar su talento, pero que sabe que como eres como un crío a ti ya te vale y lo das por bueno. La que te mira con ojos de picardía y de infinita bondad. Y que encima es tan sumamente colega que a nadie se lo chiva. La que en tus noches desérticas te frota por debajo de la sábana y devuelve a tu cuerpo huérfano de calor ese bienestar tan plácido, tan físico. La del corazón de croissant calentito, la que más te quiere en este mundo. La que tanto te da y a la que tan mal correspondes.

Dónde estás, Musa colega. Hoy quiero que todo fluya a mi antojo pero las hojas de papel se me vuelan, me quedo sin tinta y se me espesa el chocolate de la inspiración. Por eso te echo en falta.

Esque la Musa que hoy me lleva es de otro estilo. No es nada colega, y me riñe cada vez que se me cae al suelo la pelotita del juego de malabares. Sí, no me deja de lado, pero me mira con ojos de madrastra. Me obliga a recoger los calcetines sucios. Me dice que si en vez de cerebro tengo una piedra pómez, y que estruje y estruje el limón de mis sentimientos hasta que salga algo que valga un poco la pena. La que me hace repetir la redacción quinientas veces si le parece tonto o ñoño lo que escribo. La que nunca me dice “muy bien” ni me hace sentir importante y talentoso. La que doy gracias si no me dice, sencillamente, “mal”. La Musa de oficio, la que alguien de muy arriba te asigna cuando has de responder ante el tribunal de la indiferencia, que te lleva con protocolos de eficacia y profesionalidad, pero siempre con ese frío, con esa corriente de aire tan espartana, tan granítica. Pero bueno, también va bien que alguien te ponga un poco en vereda. Y cuando su presencia se prolonga me doy cuenta de que en el fondo también la quiero un poco, y me consuelo pensando que en el fondo lo que hace es por mí.

¿No será, Musa colega, que estás compinchada con la otra y que de este modo, mientras descansas un poco de mí, te ries maliciosamente mientras decides el momento de volver? Si es así no tardes. Que siento que aún tengo ganas de deslizarme por los toboganes de tu risa y que todo quede plasmado en este viejo papel.

 

Anuncis

2 thoughts on “Mi musa colega

  1. Doncs espero que hi torni aviat, la musa colega. La del cor de croissant calent. M’ha agradat la metafora, es molt original i si ho penses té tota la raó.
    Espero que hi torni, i porti sota el braç més d’una cosa feliçment bona.
    Una abraçada Jaume

  2. Dreams, encantat de veure’t de nou.
    Sí, els cors bons són els que aguanten aquest món. Sense ells segurament seria un lloc insofrible.
    Les tendreses no están gaire de moda. Avui es valora més l’eficàcia, la seguretat,els resultats, els objectius, els balanços favorables… en tots els ordres. I així ens va.
    Que les muses t’acompanyin també.
    Una abraçada

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s