Al final del día

 

Todas las horas se cumplen. La fina arena del tiempo, al final del día, ha dejado ya un pequeño poso en el fondo de ese reloj silencioso. Ese reloj que nunca ninguna mano asirá para darle la vuelta, porque no son esas las reglas del juego. Un día que estaba marcado en el calendario de tu vida, sencilla promesa de la noche de ayer, y que una vez más, tal como vino se va.

Ahí han quedado, en el día de hoy, tus actos, tus pasos. En alguna retina quedará tu gesto, en alguna mente resonará esa palabra tuya, quizás dicha sin demasiada intención, pero cazada al vuelo sin que tú lo notases. Alguien la habrá hecho suya, si ha intuido que la dijistes sin otro fin que dejarla volar con sencillez y con algo de cariño. Como esas hojas que hoy teñían de rojo, marrón y ocre las aceras de esta ciudad, sin ser conscientes que han llenado de un color cálido la mirada fría de un transeünte cualquiera.

Y sé que a veces nos invade la sensación de que es demasiado anodino lo que hacemos. Que nada va a ninguna parte. Que creemos que el cielo tiene que abrirse en cualquier momento para depositar en nuestras manos el maná bendito de lo extraordinario, de los grandes elogios y los más notorios reconocimientos. Porque somos así, humanos, seres eternamente insatisfechos. Pero una vez más estoy seguro de que recuperar la fe en lo pequeño puede reconfortar más que los mil aplausos de una corte hoy halagueña, mañana terriblemente olvidadiza.

Al final del día, una vez más, la hoja en blanco. Al final del día, sentarse a escribir y no descubrir nada. Pero es que hablar, como escribir, en el fondo es recapitular. Hace tanto que las voces hablan y que la tinta emborrona que lo raro sería encontrar algo nuevo, algo no dicho ya.

En este mundo extraño, tan feo a veces, no habrá más belleza que la que tu dejes, casi sin querer, en cualquier esquina de cualquier calle, en el interior de cualquier tronco de árbol caduco. Ese pequeño destello que cuando tú estés lejos, sin que te enteres, sin que casi lo sospeches, alguien recogerá.

 

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4 thoughts on “Al final del día

  1. ¡Qué bendición es saber que lo que haces es anodino!
    Lejos de mi los grandes proyectos, las grandes historias: sólo un pasar decente hasta que se apaguen las luces, dejando algunos recuerdos (buenos, espero) y nada más.

  2. Ferran:

    Un pasar decente, dejando algunos recuerdos buenos… que acertado. Pero a veces hasta eso parece difícil.
    Un abrazo.

    Jesús:

    Algún misterio pasa con los comentarios. Uno de los que me has dejado se ha esfumado literalmente.
    Sí, puede que siempre surja algo nuevo que decir, la cosa es tener paciencia y esperar que venga. Y entre tanto, o repetirse (intentando no cansar) o practicar el silencio, que voces no faltan.
    Un gran abrazo, y a seguir luchando contra la hoja en blanco, al final del día.

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