Como una pelota de baloncesto

 

Lo voy a decir bien claro: no me interesa nada de lo que quede más allá de mis propias circunstancias. Nada. Si álguien, por lo que haya podido leer alguna vez aquí, deduce que mis motivaciones personales tienen algo que ver con fines honestos, como pudieran ser la promoción de las ideas, la promoción de un progreso colectivo, aquello de ser mejores mediante la palabra, la poesía y la estética, habrá sido víctima de un engaño. Se habrá dejado arrastrar, una vez más, por la imparable fuerza de las apariencias.

Sí, hasta hoy lo único que he hecho aquí es generar un discurso disfrazado; he tirado de licencia creativa hasta que este filón me ha cansado. He aparentado, puramente por el gusto y el placer de acabar confundiendo. Incluso me he escondido detrás de la lengua en la que estoy escribiendo para poder jugar más libremente al juego de aparentar lo que no soy.

¿Qué tal, Wendy?

No me interesa nada de lo que no me afecte directamente. Hoy lo digo públicamente. Hoy empieza a translucir mi verdadera catadura moral. La de un ser a quien le ha crecido, con el paso de los años, una protuberancia cerebral llamada Egolatría, del tamaño de una pelota de baloncesto. Pero bueno, hay que asumirlo con dignidad, tal como hay gente que lleva con dignidad su incipiente -o pronunciada- chepa o su nariz desproporcionadamente grande.

Wendy, han pasado unos cuantos añitos, y aún lo tienes todo en su sitio. Y bien tuyo, de eso no cabe ninguna duda.

Ayer llegué a la conclusión de que soy superdotado. Y que es por eso que no he conseguido, a estas alturas de mi vida, ninguna meta de las consideradas socialmente exitosas. Sí, yo sé que hubiese podido llegar a ser algo grande. Grandísimo. Que aún puedo. Además, sin esfuerzo alguno, porque mi talento está muy por encima del de la media de mortales que me rodean. Pero el mero hecho de saber que puedo conseguir cualquier meta con suma facilidad tiene en mí un efecto disuasorio, me desmotiva al acto. Solo sabiendo que puedo ya me doy por satisfecho.

Wendy, has abandonado aquel aire de zorrilla inocente, pero no estás mal con tu nuevo perfil. Se te ve más glam, más elegante. Gozas de la aprobación, incluso, de otras profesionales del sector, a las que en su día disgustabas.

Soy soy de los de “haz lo que yo diga, no lo que yo haga”. Pero lo disimulo tan hábilmente que nadie se entera. Por eso la mayoría traga con mi discurso moral, porque a la gente le resulta muy fácil dejarse engañar. Fíjate hasta que punto: hace nada cerré una discusión con esta insólita frase: “¿Pero aún no os habeis dado cuenta de que soy la reencarnación de San Francisco de Asís?”Y se callaron, con aquella mirada de asentimiento total. Según como me da incluso lástima, pero el bobo desea ser bobo, y el crédulo pide mentira y más mentira.

Wendy, ya no toco rock, pero no me importaría venir a tu banda. Tu “rock para todos los públicos” es muy resultón. Vale, sabes que partí por la mitad, de un hachazo, mi viejo Fender Precision Bass, pero me compro otro ya mismo. Después lo hablamos.

Una ventaja -anecdótica, si quieres- es que mi condición me evita tener que gastar dinero en drogas. Las produzco yo mismo. Las produce mi propio cerebro, el mejor laboratorio del mundo. Mi tejido neuronal está compuesto por centenares de miles de millones de ingenieros químicos que aúnan sus esfuerzos, con una precisión de reloj, para segregar los más ricos jugos del placer. Borracho de mí mismo nado en la pura autosatisfacción a cada segundo de mi existencia. Vivo en mi yo y el resto me importa un bledo. Pero, ¿es que hay otra meta plausible más allá de la felicidad?

Wendy, sé lo que escondes, pero así somos todos. Sé que eres la morena de toda la vida, pero a mí me da igual. Es que no podía ser de otra manera. Pero me gusta. Lo prefiero. En el fondo la realidad siempre sabe lo que se hace.

Señores, nada más. Espero haberme explicado bien. Ahora tocaría aquello de “música para el texto: You’re the only one, Wendy James (Transvision Vamp)”, pero tengo prisa y me voy.

Espérame, Wendy. Ahora llego.

 http://www.youtube.com/watch?v=ZEzl16L4998

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3 thoughts on “Como una pelota de baloncesto

  1. Me encanta esa sinceridad que esconde, a buen seguro, un tipo bonachón, asociado a una ONG, que casi llora cuando ve en los telediarios las desgracias del Tercer Mundo.
    Un saludo, hombre.

  2. Comparto esa preocupación por uno mismo. Y luego, si acaso, extensible a todos los demás. Hay altibajos: a veces una se siente altruista, casi sin quererlo, otra rebosa egoísmo por cada poro de su piel, pero la esencia viene a ser la misma en los dos casos.

  3. Angelusa:

    Un tipo bonachón… posiblemente. Depende de a quien preguntes…
    No, tú ya sabes que los que escribimos a veces somos muy tramposos, hacemos trampa con lo que decimos y con la forma como lo decimos. Forma parte del juego. Pero siempre hay sutilezas que hacen translucir lo que realmente hay.

    Leithient:

    Ciertamente somos mil cosas a la vez. Y escribiendo podemos dar émfasis a cualquiera de nuestros múltiples perfiles. También es una forma de experimentar, naturalmente.

    Gracias a los dos por venir y leer.
    Un abrazo doble

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