España, 1941

 

Era de noche. La estancia estaba repleta de segadores. Habían cenado, y a la luz de las velas y de la hoguera charlaban, después de su jornada en la finca del señorito. Uno de tantos en tierra extremeña.

De pronto todos callaron. Afuera, al otro lado de la puerta, se entreoían pasos. Pasos de gente que se acercaba. En silencio, aguardaron. Los pasos, efectivamente, se percibían con claridad. Serían cuatro o cinco, que se fueron aproximando hasta detenerse bajo el portal. Al cabo de nada, golpes en la puerta.

-¡Abrid! ¡Abrid al Maquis!

Dentro, todas las miradas se volvieron hacia el casero, quien con nerviosos movimientos de cabeza ordenaba que nadie abriese.

-¡Abrid! ¿Es que no habeis oído!? ¡Abrid al Maquis!

Dentro, el denso silencio. El miedo. Oyeron como manipulaban algo, como si estuviesen cargando un arma. De repente, un tiro. De un balazo rebentaron la cerradura y empujaron la puerta. Eran cinco, todos armados. Entraron, desafiantes, malhumorados. Rápidamente echaron un vistazo a todos los que allí estaban, y el más alto, el cabecilla, habló.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no queríais abrir?

Al casero le temblaba la voz al responder:

-Nos tienen dicho que no abramos a nadie que no sea de la finca… soy el casero, todos estos son segadores, que…

-Ya lo sé, ya lo sé. Sacad lo que tengais para comer. Tenemos hambre.

Rápidamente les hicieron hueco en la gran mesa que ocupaba el centro de la estancia. Se sentaron, sin soltar el arma. Les sacaron pan, chorizo, vino. Comieron, sin pronunciar palabra. El único ruido allí era el de sus hambrientas bocas.

Cuando terminaron de comer se alzaron. El cabecilla, alto, demacrado, algo más reconfortado tras haber comido, se dirigió al casero.

-Cuando nos hayamos ido vais a ir a dar aviso a la Guardia Civil. Decid que han estado aquí los Maquis, que han entrado por la fuerza y que os han obligado. Si lo haceis así no os pasará nada.

Y dicho esto, dio ordes a sus hombres de marcharse. Salieron por la puerta que habían rebentado y desaparecieron en la oscuridad de aquella noche sin luna. Pero no les hacía mucha falta mucha luz. Conocían bien el camino de regreso a la sierra.

 

 

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9 thoughts on “España, 1941

  1. Mi abuela contaba como, casi una niña, vio llegar al pueblo legionarios y regulares, las tropas de Franco para oponerse a la invasion maquis del valle de Aran. Como ocuparon el pueblo, los brutales ejercicios y entrenamiento a que eran sometidos… Alli entendio mi abuela la inhumanidad que demostraron esas tropas durante la guerra, pues eran tratados como bestias y como betias respondian.

    saludos!

  2. Jordim:

    Me alegro de que te haya parecido así.
    Gracias por leer, y recibe un saludo.

    Theo:

    También se dice que en muchos pueblos, ante la noticia de que llegaban los nacionales, la gente rezaba para que esos nacionales no fueran la “guardia mora” sinó los legionarios…
    Siempre he echado en falta no tenes más información de primera mano sobre aquellos hechos. Mis abuelos nunca hablaban de todo aquello. Son hechos no tan lejanos como paecen, y a alguna generación le tocará hacer una revisión históica correcta de lo que sucedió, despolitizada -tanto como sea posible. Quizás la nuestra…
    Existe una novela que para mi trata un aspecto de la Guerra Civil, en su fase final, de forma muy plausible. Me refiero a “Soldados de Salamina”, que recomiendo a quien no la haya leído.
    Saludos!

  3. Es cierta. Quien me la contó la vivió en persona, y me la contó así, muy sintéticamente. Yo no he añadido casi nada, tan solo la mínima caracterización del cabecilla maquis.
    Cierto, hay un trasfondo de “triste” humanidad, que me impactó.
    Saludos, Ferran.

  4. Un relat que llisca sense interrupcions. Vull dir que una escena d’acció com la que descrius requereix d’un estil ràpid de frases curtes, que no hi hagi massa fondària. Ben assolit el repte doncs…saludus crack!!!

  5. Con palabras sencillas, describes con fuerza una escena. Se visualiza. Siempre que leo algo sobre el Maquis recuerdo Luna de lobos de Julio LLamazares, y siento el frío de la nieve, la humedad de las cuevas, las bajadas rápidas al pueblo en busca de algo para comer, el miedo…

    Un saludo

  6. Shandy, gracias por tu comentario.
    Creo ue en este país el tema del Maquis se ha tratado poco, por lo cual la novela que recomiendas despierta todo mi interés. Creo que la buscaré.
    Un saludo mu cordial.

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