Conflicto

Sucedió en un autobús. A esa hora en la que un autobús urbano va repleto de jubilados y estudiantes. Fundamentalente porque jubilados y estudiantes son gente que no dispone de automóvil. Ya se sabe que si alguien posee un automóvil no pone los pies en un transporte público. Es ignominioso. Hace pobre. Bueno, siempre hay especímenes raros que ni son jubilados ni estudiantes y que pese a disponer de coche -en perfecto estado de funcionamiento- optan por subirse a un transporte colectivo, aunque sus razones comprensibles no suelen ser casi nunca comprendidas.

Me subí a ese autobús en el que todos los asientos estaban ocupados, y naturalmente me quedé de pie. En la parada siguiente subió una pareja de ancianos. Él presentaba ostensibles deficiencias de mobilidad, y a base de pasos cortos y bastón, con la mujer abriéndole paso, fue avanzando por el estrecho pasadizo del vehículo. En sus ojos enrojecidos, el ansia por encontrar un asiento libre. La mujer lo mismo. Se dieron cuenta de que todos los asientos estaban ocupados por viejos como ellos, pero la mujer no tardó en detectar, al fondo del vehículo, un asiento ocupado por un individuo joven, de unos veinti-largos o treinta y pocos.

-Niño, a ver si le dejas sentarse a mi marido, hazme el favor.

Ya se sabe, las abuelas llaman “niño” a cualquier persona veinte años más jovenes que ellas. Pero el niño hizo oídos sordos. Ella insistió.

-Niño, a ver si puedes dejar sentar a mi marido, que mira como va. Anda, a ver si me haces el favor, que no puede estar de pie mucho rato y nos bajamos casi al final.

Detrás suyo el abuelo resistía como podía, con un ostensible temblor en piernas, brazo y bastón. El joven, como si nada. La mujer insistió de nuevo, y a la tercera finalmente el tipo se dió por aludido, e hizo un gesto de negación con la cabeza, bien resuelto y cejijunto.

Inmediatamente se sumaron a la petición otros abuelos próximos. Con algo más de energía, con un tono más increpatorio.

-¡Venga, chaval, levántate, deja sentar al hombre!

El usuario joven insistía en su negativa, con vaivén de cabeza cada vez más enérgico.

El resto de ancianos se indignaba a medida que pasaban los segundos. Le increparon. Le llamaron sinverguenza, le gritaron. Al final, el ciudadano joven se hartó de la situación.

-¡Este asiento no es de los que pone que tengan que cederse a nadie, así que no me voy a mover!¡Son esos de ahí! -señaló a los asientos que efectívamente estaban etiquetados como que tenían que ser cedidos obligatoriamente a ancianos, embarazadas, minusválidos o madres con bebés. -¡Que se levanten esos de ahí!- seguía señalando con un dedo crispado a los viejos que ocupaban esas plazas.

El revuelo fue fenomenal. “Desde luego, qué cara tienes, hay que ver qué juventud, será jodido, ahora dime tú qué le cuesta, habráse visto”, etcétera. La mujer hasta hizo ademán de arrearle una colleja, pero no llegaba, y el marido, con la mano libre le agarraba el brazo tirando de ella. Ese sobreesfuerzo, más el traqueteo del autobús, ponía en riesgo seriamente la estabilidad del pobre señor, pero él aguantaba con gallardía.

-Déjalo, mujer, ¿que no ves que no quiere? -dijo con voz de viejo. -Ya me quedo de pie…

-¡Yo no me muevo! Ya lo he dicho, y no voy a repetirlo. No tengo ninguna obligación -se defendía el otro.

Se acercaba mi parada, y pulsé el avisador. El follón seguía, pero me tuve que acercar a la puerta de salida. Me bajé del autobús, y me quedé sin conocer el fin de la historia, aunque ya se puede imaginar todo el mundo cual es.

Esa tarde un montón de jubilados tuvieron tema de conversación en su casa, en los bancos del parque, en el CAP, en el bar, con las vecinas, en la petanca, en el club de supervisores de las obras de la calle. Y seguramente estirarian la anécdota días y días, y quizás hasta semanas. Un episodio de conflictividad intergeneracional siempre da mucho de si. Y el otro, el usuario joven, con toda probabilidad comentaría en su círculo de amigos o conocidos que qué huevos tienen algunos viejos, como esos que en el autobús le querían hacer levantar del asiento, como si él fuese tonto y no conociese sus derechos.

 

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7 thoughts on “Conflicto

  1. hola, jo sóc de les que es cotxe el gasto ben poc. Fixa’t, m’agrada molt anar amb transport públic. Enllaçant això amb el post anterior, el Labordeta era un exemple: anava al congrés amb metro. Per qüestions de coherència, per exemple, no et sembla que els consellers, regidors ministres de medi ambient haurien d’anar també amb transport públic, per allò de la coherència, ho dic.
    Ai no, si els polñítics això no saben què és…

    Malauradaent, la història que expliques passa cada dia. No sóc de les de:”quin jovent més maleducat…” Però Deu n’hi do com puja la canalla

    • Mireia:

      Hi estic d’acord, sóc dels qui creu en el transport públic, tant per raons medioambientals com per raons de movilitat racional.
      Els nostres polítics, especialments els qui més enarboren la bandera de la sostenibilitat, sí que haurien de ser més coherents. Potser és que saben que en el fons la ciutadania en general tampoc dóna massa valor a aquestes coses.
      I bé, suposo que darrera d’un jove maleducat hi ha uns pares que no s’han molestat gaire en educar la “criatura”, tot i que el de la història ja tenia edat per començar a adonar-se ell solet de les coses.
      Salutacions i gràcies per llegir.

  2. … porque no sé las razones del chico. Una operación con ´secuelas y dolores o simplemente un mal día pero, a mi me han entrado ganas de darle una colleja también, que quieres
    que te diga.

    • Vero:

      Sí, quizás estaba convalesciente de una doble operación de menisco… Pero qué va, a ese no le pasaba nada. Era más bien el típico comodón aferrado a sus derechos, sin pizca de generosidad y suspenso en empatía.
      En fin, corre más de uno.
      Saludos, y cracias por leer.

  3. Encara que sovint m’exasperen aquells vells que creuen que l’edat és patante de corso, que els eximeix de la més mínima educació, el noiet és mereix un parell de mastegots, però amb caràcter retroactiu, que algú no l’ha educat.

    Salutacions!

  4. Hola Jaume! Simpática aventura. Una mirada asesina de una ancianita reivindicativa levanta del sitio a cualquiera, un chaval valiente sí señor, y bueno, un poco cabrón.

    • MC:

      Igual el chaval salió mal parado, yo ya no lo vi, entre tanto jubilado furioso… Bueno, un chutecito de adrenalina va bien siempre , a los de la trecera, o de cualquier edad… sinó los días son muy aburridos.
      Encantado de verte aquí, como siempre, MC.
      Gracis por leer y Saludísimos!

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