Rubianes

Es media tarde. El café me ha salido bueno. Quiero escribir. No tengo prisa por nada. Bueno, solo me mete un poco de prisa el papel del cigarrillo. Es papel de fumar del tipo free burning de la casa Smoking, es decir, es de ese papel que quema solo, que aunque tú no fumes el cigarrillo se consume, se lo fuma el aire. Yo prefiero el slow burning, el papel de arroz de toda la vida, que si tú no fumas se apaga. Porque no me gusta fumar con prisas. De hecho, no me gusta hacer nada con prisas y a toque de pito. Pero tuve que comprar de ese y no del OCB Ultra Thin (OCB, igual que la Orquesta Ciudad de Barcelona) porque en ese estanco de pueblecito de montaña no tenían casi de nada. Se ve que un francés de gustos fumatorios parecidos a los míos se lo llevó todo y solo quedaba lo que quedaba, fundamentalmente las Farias de los viejos, los universales Winston-Marlboro-Camel y el hiper-extendido Nobel.

Quiero hablar de Rubianes. Ya ves, hablando de fumar. Sí, de Pepe Rubianes, que murió recientemente, aunque ya han pasado algunos días y ya se ha hablado mucho de él. Y lo hago no porque toque, sinó porque, como suele pasar al escribir, hay algo de dentro que pide salir fuera. Lo pide sin que tú le digas nada. Me lo viene pidiendo desde que Rubianes murió, porque me entristeció su muerte. Las muertes nos afectan o no nos afectan por mil motivos, y no es porque sí que te afecte la muerte de alguien a quien no conocías personalmente.

Rubianes. Pepe Rubianes, que se pasaba por el forro absolutamente todo. Su lenguaje procaz, atrevido, para muchos grosero, sus mordidas sin reparo a los elementos visibles del poder, podían hacer pensar, de entrada, que solo era eso lo que Rubianes era encima de un escenario. Pero como siempre, tras la superficie hay algo más, y siempre más fundamental.

Bajo su disfraz de personaje egocéntrico se escondía todo lo contrario. Era más el disfraz de quien se lo pone para jugar a crear mundos y para jugar a reir. Nunca parodió con sangre a la persona de la calle, al arquetipo sencillo en el que está incluído casi todo el mundo, a nada de lo que sabía perfectamente que no estaba nada lejos ni de él mismo ni de todos.

Rubianes tenía un fondo de proximidad que tarde o temprano descubrías bajo su imparable vorágine de desmesura, bajo su arrollador torrente de discurso inverosímil, eso sí, cargado de ingenio y sutileza. En Rubianes no tardaba en aflorar la mirada amable hacia lo corriente, el cariño por lo sencillo, en fiero contraste con la forma como se cargaba todo lo que olía a cretinismo de altos vuelos.

Recuerdo reírme como un loco con sus monólogos. Reír sin tiempo a dejar de reír para recibir a la siguiente ocurrencia, como si se te acumulara faena de reír, con aquel dolor abdominal, con el diafragma bloqueado, sin emitir ya sonido alguno, esa situación en la que sientes, literalmente, morirte de risa. Me viene el recuerdo de una parte en que relataba las peripecias de una ameba en la sabana africana, entre elefantes y rinocerontes. O cuando parodiaba la soltería de los hombres de su generación. Rubianes era una parodia continua de si mismo. Con gracia y ocurrecia. Y es que Rubianes sabía reírse de sí mismo como nadie, lo hacía constantemente, y así de su mano aprendíamos a reírnos un poco de nosotros mismos, y que a partir de ahí podíamos estar de vuelta de casi todo.

De todo eso creo que estaba hecha la tela del traje que vestía, el de su propio personaje. O almenos es esa la fotografía que guardo de él, alguien con quien reírse sin manosear para nada ni lo bonito ni lo sencillo, como quien te trata de igual a igual y te cuenta los chistes en la barra del bar, aún no conociéndote de nada.

Quería subir algún vídeo, pero no hace ninguna falta. No es necesario ejemplificar nada, porque lo que quería decir es simplemente eso. Ahí estará siempre Rubianes, en la memoria de quienes nos gustaba.

Y nada, he tardado más de lo que pensaba en cerrar el texto, y ya no es media tarde. He ido sin prisas. No me gusta escribir con prisa. Ya casi anochece, pero el verde  y el azul aún se resisten a apagarse, que los días aún son largos.

Huele a pimientos, en alguna cocina próxima preparan la cena. Se oye el batirse de un huevo.

Hoy no hace tanto calor, y ahora se está bien.

 

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6 thoughts on “Rubianes

  1. Era el mejor.
    Hay mucho farsante de la risa fácil, él era inteligente y culto, estaba informado y se comprometía.
    Me hubiera gustado poder ir a ver las obras de teatro que tenía en proyecto sobre Machado y Miguel Hernández, ya que con Lorca me hizo llorar como pocos.
    Es lo que hace falta pensar más , estudiar más, y reirse más.
    MUUUUUUUUUUAC.Es un beso.

    • Sí, es una pena que las obras que tenía en proyecto se queden ahí, en vía muerta. Ojalá álguien retome el proyecto, aunque no será lo mismo sin su dirección.
      Apoyo tu propuesta. Ya cansa tanta risa fácil, tanto jijiji inconsistente…
      Pues nada, Àlfil, gracias por leer.
      Un MUAC para ti.

  2. Me hacia mucha gracia uno de sus monólogos, en el que comentaba lo contenta que va la gente a trabajar por la mañana, todos corriendo al metro, al autobús, mientras el prefería dormir y tomarse un cafelito con calma. Pura ironía.

    • sí, siempre fue muy irónico con este tema. En otro monólogo decía que havía gente que le decía “Pero bueno, Rubianes, tú trabajarás de algo, no?”
      En fin…
      Gererd, saludos.

  3. Es que era un no parar… ya te digo, una vez pensaba que me daba algo, literalmente, del ataque de risa.
    Un genio, sin duda.
    Saludísimos, Noctas.

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