El coche de Juan Raro

No viene al caso contar como pasó, pero resulta que el coche de Juan Raro sufrió un recalentón considerable. Humareda blanca, aparatosa, en plena ciudad. Como pudo, llegó hasta su barrio, y al día siguiente llevó el auto al taller.

El mecánico, mientras realizaba el exámen preceptivo, metiendo los dedos en el depósito del agua, palpando todos y cada uno de los manguitos, con gravedad en su rostro, no dejaba de repetir la misma expresión:

-Uff… vaya recalentón…

El coche se quedó en el taller, porque el mecánico quería hacer una revisión a fondo que le llevase a un diagnóstico seguro. Y Juan Raro se fue a su casa y esperó.

Al día siguiente, Juan pasó por el taller para ver qué noticias tenía Dimas, el mecánico.

-El termostato no dispara el ventilador. Los manguitos están hechos polvo. Pero lo peor…

Dimas miró a los ojos de Juan Raro, completamente seguro de que le iba a dar un buen disgusto.

-Lo peor… es que habrá que rectificar la culata, y eso ya cuesta dinerillo. A ver, el coche está viejecillo, pero a ti te hace su servicio. Si quieres, haz números. Hay coches de segunda mano que están muy bien, de vez en cuando me entra alguno. Mira, ese de ahí lo voy a sacar por dos mil euros, un Polo que está bastante nuevecito. Yo, los coches que saco, los dejo muy bien, con garantía, y bien de precio. Si quieres, métete en internet y compara precios.

Juan Raro se quedó pensativo. No tenía ni idea de coches, ni de precios, ni de marcas ni de modelos. Ni de culatas ni de manguitos. Por eso preguntó:

-Y eso de la culata… ¿cuanto cuesta repararlo? ¿Cinco mil? ¿Seis mil euros?

Dimas el mecánico le volvió a mirar, pero esta vez con un casi imperceptible gesto de alejamiento físico.

-¿Tu estás loco? Como mucho te va a costar novecientos…

-Ah, qué susto.

Juan Raro, esa noche, analizó la situación. No tenía coche. A ver, sí tenía, pero literalmente no andaba, así que era como no tener. Él necesitaba un vehículo, por razones que no venían al caso. Tenía ante si tres posibilidades: gastar más de diez mil euros, y volvería a tener un coche. Sería nuevo. La segunda posibilidad: gastar dos mil quinientos, y tendría coche. Sería usado. Y la tercera: gastar novecientos, y también tendría coche. Sería viejo. Reflexionó y tomó una decisión antes de irse a dormir.

A la mañana siguiente, a primera hora llamó a Dimas, el mecánico.

-Dímas, hágame lo de la culata.

-Pues claro que sí, hombre. El coche está viejecillo pero a ti te hace su servicio…

Y así fue como Juan Raro volvió a disponer de automovil, para gestionar sus particulares casos y asuntos. Sus compañeros de trabajo, en el bar, le preguntaron por el tema y el les informó de su resolución.

-El coche está viejecillo, pero a mi me hace su servicio…

Le hicieron gestos de aprovación, pero con cierto escepticismo. Y le preguntaron cuanto tiempo contaba que le iba a durar. Juan Raro respondió:

-El coche tiene veinte años. Espero que me dure unos veinte años más.

Anuncis

8 thoughts on “El coche de Juan Raro

  1. Tengo el Rockdelux, en completo desacuerdo con las listas. Pretenciosas sin mas. Ya no me los creo. Animo, porque tu blog es uno de los mejores descubrimientos del 2009.

    • Ya, y eso que Santi Carrillo da el pego cuando sale en los medios. Bueno, si escribes algo lo leeremos con interés.
      Pues Gerard, me alegra mucho tu comentario. Ya sabes que en este blog estás en tu casa.
      Un abrazo.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s