Quedamos en Muntplein

 

Caía la lluvia sobre el canal. Esa lluvia sobre las aguas grises del Prinsengracht, contemplada desde el café de los grandes ventanales, me inspiró la melodía de esa canción, Amsterdam, que llegué a escribir y a arreglar para gran banda. “Llueve sobre Amstrerdam…” Así empezaría la letra, en caso que la tuviese, pero siempre será la voz melancólica del trombón de baras la que hable por la música y con toda seguridad nos llegue emocionar.

Caía la lluvia sobre el canal, y se acercaba la hora. Habíamos quedado en Muntplein, en esa encrucijada hirviente de transeúntes, puestos de flores, bicicletas. El encanto de esa ciudad bellamente fea, ahí, en ese enclave, cruce de aguas sin destino, esa ciudad que ruge y duerme, que parece no saber muy bien hacia donde va.

Salí del café con el tiempo exacto, y la lluvia seguia conectando en gris el cielo y la tierra.

Y al llegar a Muntplein se abrio esa grieta que dejó entrar la más bella luz del norte, encendiendo por sorpresa todos los colores. Los grises parecieron azules, y las copas de los tulipanes del puesto de la esquina estallaron con sobria tímidez.

Habíamos quedado en Muntplein, y allí estabas. Una sonrisa, un rayo de luz que llegaba del sur, ese sur algo insospechado, absolutamente insólito ahí, tan arriba. Un abrazo, un beso. Una foto delante de la exposición de zuecos, como si nada, antes de darnos cuenta del cartel que rezaba no photo terrorism, please!. La risa inevitable, y el mundo que en nada se hizo lento, al escucharnos todo lo que nos teníamos que contar.

Hoy quedaría en Muntplein, pero esa misma luz no la conseguiría. Ese Muntplein es recuerdo, postal perenne. Prefiero que quedemos, hoy, donde termina el día, donde todo viene a morir de viejo para hacerse nuevo con solo el paso de unas horas, bajo el techo menudo de nuestra calma. Bajo el edredón a cuadros, bajo la orquídea, flor del sur, que contra todo pronóstico finalmente ranació.

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4 thoughts on “Quedamos en Muntplein

  1. La orquídea es una flor lenta, de grandes bellezas y grandes paciencias, con lo que hay que saberla esperar y tener confianza en ella.Aunque día tras día digas: jo, que lenta, está siempre igual! no te lo creas, ella va haciendo su camino a pasito de hormiguita, y un buen día te sorprende con sus grandes flores de bellos colores y su vida immensa, aleccionandote y diciendote: ves como vale la pena esperar….que bellas son las flores!

    • Marina, que alegría verte por aquí!
      Bueno, luce más o menos, que cada vez le doy menos a la tecla… pero pronto la sequía se volverá lluvia de ideas.
      A ver si te leo, yo también.
      Saludísimos :))

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