Manolito Jodiente

 

Se sentaba en una terraza concurrida, él solo, en una mesa a la que sobraban tres sillas. Pedía una cerveza, y esperaba.

Al cabo, alguien le decía, señalando a una de las sillas libres:

-¿Está ocupada?

-Sí -decía él.

Y seguia, tranquilamente dando sorbitos a su copa.

Así, varias veces, era preguntado por las sillas libres. Él decía que estaba esperando a gente, que pronto tenían que llegar. Pero allí no llegaba nadie, y muchos clientes del bar con terraza tenían que seguir esperando de pie, o esperar que otras sillas quedasen libres.

Así pasaba media hora, una, una y media, casi dos. Entonces pedía la cuenta y se iba.

Antes, algún cliente al que había hecho esperar le increpaba:

-Pero oiga, nos ha dicho que esperaba a gente, y aquí no ha venido nadie, y las sillas libres ahí muertas de risa.

Él, sin escrúpulo alguno, respondía.

-Bueno, en realidad no esperaba a nadie.

-Entonces, ¿por qué nos engaña? ¿Por qué hace esto?

  Y él, más ancho que un rajá, respondía:

-Bueno, más que nada por joder.

 

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