Gris (dietario)

 

Viernes 14

Releer a Buzzati, y corroborar definitivamente que el lector se halla ante literatura en mayúsculas. Esa literatura que pone en el centro a esos dos desdichados, que son tanto el que escribe como el que lee. Esa desdicha de reconocerse en el hombrecito anodino, víctima involuntaria de absurdas vanidades, todas bajo precio. Buzzati, maestro en el manejo del elemento mágico, irónico, cómico, cual espejo en el que el hombre del traje gris ve reflejado su mustio rostro, ese rostro derrotado por la osadía de haber pretendido, durante un breve instante, soñar ser algo, o ser alguien. Esa mirada al fondo de lo más descarnado del hombre contemporneo, atenazado por las tensiones del absurdo.

Dicen por ahí -no recuerdo bien donde, quizás en alguno de los magníficos blogs sobre literatura que existen- que el aprecio que acabamos teniendo por un escritor tiene siempre que ver con cómo trata a sus personajes, con el cariño de fondo que sobre ellos vuelca, pese a no maquillar en nada su fealdad. Creo que en Buzzati se cumple: jamás se ensaña con sus personajes. Los quiere, en la auténtica medida que conoce sus defectos esenciales. Ensañarse con ellos equivaldría a ensañarse con uno mismo.

En fin, que reitero mis agradecimientos a Bernardo, alias Blumm, por haber, en su día, lanzado al ciberespacio la recomendación de este autor y en especial de su obra El Colombre.

Y ahora sí, vuelta a Unberto Eco: El Cementerio de Praga. La novela pinta bien. Eco no falla jamás. Minucioso sin ser cansino; original sin ser extravagante; con oficio; siempre cargado de conocimientos relativos a los hombres, a las culturas y a la Historia; y siempre con esa prodigiosa y admirable distancia respecto a lo que escribe, que le convierte en una especie de Dios, de Señor Absoluto.

Domingo 16

Del hombre del traje gris, habábamos antes. Conversación vía terceros con R. y por extensión con I.

Tantísimas veces el hombre del traje gris se aferra a lo pequeño pensando que es grande. No quiere o no puede ver. Se aferra. Y sus razones tiene, por más que desde fuera pueda parecer que se equivoca. Hay que respetar esas razones. Hay que entender, sobre todo, que hay firmes partidarios de tomar al pie de la letra lo que reza el refrán, aquel que nos aconseja al loco conocido antes que al sabio por conocer.

Lunes 17

Me doy cuenta de que lo importante es saber dar parámetros en base a los cuales algun dia se pueda pensar y entender. Parámetros variados y, porqué no, contradictorios. Y que queden ahí, aunque sea, aunque no sean recibidos con entusiasmo ni apenas con comprensión. Seguro que en algún momento serán de utilidad, germinarán, incluso. Como ese objeto que nos regalaron, que estuvo en casa largo tiempo medio olvidado, y al cual no vimos el sentido hasta que se convirtió en el objeto clave, en más utilizado cuando la fuerza natural de las circunstancias así lo demandó.

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