Los Señores de la Cultura

El gobierno va a subir el IVA de los productos culturales hasta un 21%. Esta es una de las soluciones que se le ha ocurrido para aliviar el déficit voraz que atenaza al Estado. No entraré a valorar ni el acierto ni la oportunidad de la medida.

En consecuencia, no han tardado en aparecer los gestores de las llamadas “industrias culturales”, que ya se han quejado amargamente de que la subida del IVA va a suponer un duro golpe a la cultura, cuando deberían decir que el golpe lo van a recibir, principalmente, sus expectativas económicas. Y sí, ciertamente un buen número de artistas y creadores se verán perjudicados en las posibilidades de ver reconocida económicamente su actividad. Pero pasa que de siempre ha sido el artista-creador quien ha tenido las más serias dificultades para verse recompensado como es debido. El artista-creador, la pieza clave, siempre ha sido la parte más desfavorecida. Por cierto, ya está acostumbrado, curtido y más que resignado.

Tampoco ha tardado en aparecer el eslógan de turno, previsible y demagógico:  “La cultura no es un lujo”. Estamos de acuerdo; no, no es un lujo, pero tampoco nadie dijo que tuviese que ser un negocio, y los Señores de la Cultura hace tiempo que la han convertido en eso, un negocio gracias al cual, por cierto, se han lucrado con comodidad, algunos, y no han vivido nada mal el resto desde hace bastante tiempo. Los Señores de la Cultura han conseguido normalizar la expresión “industrias culturales”. Han puesto precio al arte. Han establecido los baremos monetarios con que valorar lo invalorable. Han convertido la creación en mercancía y objeto de consumo. Pues queridos señores, como dice la voz popular, “es lo que tiene”.

Por favor, Señores de la Cultura, no me sean hipócritas: no me digan que que la cultura está en riesgo. Lo que está en riesgo son los ingresos y beneficios que ustedes pensaban tener. Y no me pongan por al creador como excusa (“pobre creador, por la subida del IVA va a tener que bajar su caché…”).  Ustedes nunca han tratado bien al creador, nunca le han cuidado, precisamente se han aprovechado de él tanto como sus escrúpulos les han premitido. El creador lleva muchos años malviviendo de esa industria de la cual ustedes son Señores.

Lo siento mucho, pero no me importa un carajo que con este 21% no saquen tanta tajada, a partir de hoy, los Señores del Primavera Sound o del Sónar o de semejantes disparates, o de aberraciones como el Festival de Guitarra de Barcelona, tomaduras de pelo en toda regla. Ya me diran en base a qué hay que considerar cultura esas manifestaciones de mediocridad en las que ni se transmite ni una sola emoción compleja, ni se innova ni se recrea nada con un mínimo de gracia y de creatividad. Me gustaría ver cuantos de esos “actuantes”, estrellas de cartel, prodigios de la música contemporanea saben dibujar una clave se sol o afinar la guitarra que tan bien rascan sin ayuda del afinador electrónico. Ah, pero claro, acuden a “verles” cientos, miles de espectadores que quizás ni saben qué aprendieron en la asignatura de música durante la ESO. Lo siento, pero si gracias a la subida del IVA baja el público de semejantes atracos, mejor. Si desaparecen estas pantomimas de festival de acampada veraniega, mejor.

¿Qué puede pasar si llevamos esta postura hasta sus últimas consecuencias? Pues nada grave, por cierto. El arte no moriría. Los pintores seguirían pintando, los músicos tocando, los compositores creando. La verdad del arte persistiría, porque el Arte es anterior a la industria y al mercado cultural. ¿Moriría el arte profesional? Probablemente, pero  entonces regresaría a su cuna primigénia: el amateurismo. Todo artista de verdad es amateur por la sencilla razón que lo que le mueve a crear es el hecho de ser amante de su actividad. Y se distingue perfectamente el que lo es del que no lo es, aunque ambos ganen dinero. Pues eso, que no desaparecería el Arte pero sí desaparecerían de un plumazo todos los que en vez de amar al arte aman otras cosas tales como el olor del dinero, el egocentrismo, la vanidad y la fantasmagoría.

Y ustedes, Señores de la Cultura, ¿qué harían en tales circunstancias? Le sugiero modestamente que en vez de lamentarse aprendan a amar al arte más que a sus bolsillos, y sobretodo si quieren seguir viviendo de esa “industria” cuiden al creador, respétenlo y trátenlo como lo que es: la única pieza verdadera de toda esta realidad. Si no, vayan pensando en ser Señores de Otra Cosa.

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2 thoughts on “Los Señores de la Cultura

  1. No negaré que desde que escuché que tocabas Jazz te busqué.Y resulta que hará un mes o por ahí encontré esta página,estaba convencido que por la forma de escribir era tuya,y me he enganchado.Me gusta mucho leer tus post,que son muy interesantes…

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