Bic, el bolígrafo jazzero

A día de hoy manuscribo con cualquier tipo de bolígrafo que me cae en las manos, desconociendo la mayoría de veces su orígen. No recuerdo la última vez que entré en una papeleria y dije “hola, buenas, ¿me pone un bolígrafo?” También manuscribo mucho en lápiz. De todos modos, me declaro adscrito, aunque mal precticante, al colectivo de fieles, amantes y defensores del bolígrafo Bic, uno de los objetos que ha resistido el paso del tiempo con innegable aplomo y fortaleza. Recuerdo pocos objetos que hayan formado parte de mi infancia y que hoy, tal cual eran entonces, sigan en el mercado, sigan en nuestra cotidianidad.

El bolígrafo Bic es la mezcla del ingenio del señor Lazlo Biró, húngaro inventor de los bolígrafos de bola (por ello en inglés hay quien llama biro al bolígrafo) y del talento del diseñador Pierre Guichenné, que ideó la forma del bolígrafo, y encima convenció al empresario Marcel Bich que bautizase al invento con su apellido (eso sí, algo modificado para no caer en malsonancias). Desde entonces el bolígrafo Bic ha sido un elemento aceptado a escala mundial desde hace más de 40 años. Se dice que ha llegado a vender alrededor de 15 mllones de bolígrafos al día.

Tengo incrustada en la pared de los recuerdos la sintonía del primer anuncio televisivo del bolígrafo Bic, concretamente de sus modelos Bic Naranja y Bic Cristal. Consistía en una trepidante línea de contrabajo, sostenida por una base de batería a swing muy rápido (técnicamente, un up-tempo). El anuncio es muy dinámico. Empieza con un relleno de batería que dura cuatro compases, encima del cual se oye la voz en off que dice aquello de “bic, bic, bic-bic-bic, bic-bic-bic, bic naranja…” A continuación la batería entra en ritmo a la vez que entra la línea de contrabajo (un walking bass), todo ello de factura netemente jazzística, técnicamente muy bien tocado. Tras exponerse las características del producto (“bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, bic naranja bic cristal, dos escrituras a elegir”) se termina con una riteración del nombre de la marca encima de un intenso cromatismo de bajo, que crea el clímax adecuado para finalizar en seco con la sintonía y con el anuncio. Lo último que se escucha es un silbidito jovial, que no viene muy a cuento, pero que no desencaja para nada en el contexto de energía y optimismo que el anuncio logra transmitir.

Lo curioso ha sido descubrir la versión portuguesa del anuncio. Sorprendentemente, el anuncio arranca con solo dos compases de introducción de batería (y con tan solo tres bic-bic-bic), una introducción de estilo nada jazzístico, más bien de estilo funk-rock, con un juego de bombo-caja-goliath bastante contundente, aunque en seguida deriva a la base de swing rápido, igual que en el espot español. Pero la segunda sorpresa llega cuando entra el bajo, que resulta no ser un contrabajo sino un bajo eléctrico fretless (sin trastes) que le da a la secuencia una calidad tímbrica diferente, más definida, un pelín más agresiva, y entre muchas comillas un sonido más moderno. El desarrollo del espot es el mismo, con el último cromatismo esta vez de bajo -esta vez en tesitura aguda-  y el silbidito final también. Naturalmente, la voz en off se expresa en portugués: “bic laranja, bic cristal, duas escritas a sua escolha”.

Después de esta pequeña investigación, la conclusión podría ser que hace cuarenta años los publicistas no centralizaban su trabajo como hoy, en que los anuncios salen igual en todos los países, especialmente en cuanto a producción musical. Me imagino que en el caso del anuncio Bic de mi infancia, el publicista dio unas indicaciones generales muy claras, pero dejó la ejecución musical en manos de la agencia local, quien se encargó de contratar al músico concreto que, rentabilizando al máximo el pequeño espacio de libertad de que disponía, le puso su toque de creatividad particular al resultado final.

En cualquier caso, es un anuncio que a los amantes del jazz siempre nos resultará entrañable. A la simple nostalgia del recuerdo se le añade el comprobar cómo de pequeños escuchamos con oídos vírgenes cosas que nos gustaban sin saber qué eran. Es más tarde cuando llegarían las etiquetas y los nombres.

Dejo el enlace al vídeo del espot para España aquí y el de Portugal aquí.

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