Ni idea, ¿no?

Constato con disgusto cómo se ha caído en el vicio de abusar de la expresión “ni idea, ¿no?”

Desde hace un tiempo tal expresión suele aparecer cuando alguien nos formula una pregunta ante la cual no somos capaces de dar una respuesta precisa e inmediata; al vernos dubitativos, pensativos, nuestro interlocutor probablemente dirá “ni idea, ¿no?”

Al principio me molestaba, porque entiendo que la expresión es peyorativa. Si le digo a alguien “no tienes ni idea” probablemente le estoy ofendiendo. Si lo digo de alguien (“Fulanito no tiene ni idea”) le estoy criticando con ahinco. Por eso pienso que cuando me dicen “ni idea, ¿no?” se están regodeando ante la muestra patente de mi desconocimiento sobre algo.

Pero a copia de encontrarme ante esta situación y de husmear un poco en los adentros de quienes tienen este vicio tan actual, he acabado pensando que no, que no hay mala fe, sinó que más bien hay que tomarse la expresión como una muestra de complicidad moderna y guay. Como queiriéndote decir:  “tranquilo, no pasa nada. Te entiendo. Yo tampoco tengo ni idea de nada ¿Y qué? ¿Para qué tener idea de algo? Pues mira, tú, mejor para ti; como no tienes ni idea, quedas eximido de toda implicación en el asunto”.

¿Cierto o no? Sutilezas de los tiempos modernos, que a veces se nos escapan… Y ya de paso aprovecho para decir lo maravilloso que es constatar que uno no tiene nada que ver en un asunto, entiéndase por asunto cualquier x posible definido por su natural asunticidad. ¡Bendita sensación! Así que estoy por dar las gracias a estos nuevos propagadores de felicidad… Cuanto me alegro de que me recalquen que no tengo ni idea de algo (como por ejemplo, dónde está la grapadora)

Recientemente, en una reunión a la que asistí, una de estas personas-campeonas del “ni idea, ¿no?” lanzó una pregunta, una pregunta clave e importante, a la cual siguió un vacio sonoro bastante consistente. Al cabo, la preguntadora -era una persona treintañera de sexo femenino- soltó su habitual “ni idea, no?” Ante esto, La persona que llevaba la reunión, también de sexo femenino pero miembro de la vieja escuela, saltó:

-No, perdona, “ni idea no”. Que no tengamos respuesta ahora mismo no significa que no la sepamos buscar y encontrar, así que de “ni idea” nada.

Yo, impreceptiblemente, apreté los puños en señal de triunfo. ¡Por fin! Justicia. Lección. Honor y gloria al sentido del rigor. Que seguramente a muchos y a muchas de estos del “ni idea, ¿no?” lo que les pasa es que no tienen ni idea de lo que significa ni idea.

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