Pequeños dioses

Salgo de la ducha y está sonando la suite número 1 de Bach, a cargo de Pau Casals, con el run-run de fondo del pequeño robot aspirador Roomba, que con toda diligencia va ejecutando su labor corriendo por el parquet. Se mezclan la belleza perenne del arte antiguo con la eficiencia tecnológica de hoy. Dos grandes logros humanos coexistiendo y compartiendo espacio sonoro.

El robot, bautizado domésticamente con el apodo de Jeffrey (eminente mayordomo) encarna la práxis sin consciencia. La suite encarna la estética con alma insuflada, por parte de un ejecutante superior -el músico. En ambos casos, lo Humano al mando, al control, al ejercicio de superioridad. El Ser consciente gobernando las instancias inconscientes con la eterna duda de saber si alguien mueve, desde aún más arriba, su brazo rector.

Bach mece el oído y eleva el eintelecto; Jeffrey te hace apartar los pies mientras escribes.

Jeffrey y la Suite parecen tener vida. De hecho les tratamos como a seres vivos. Les bautizamos -en el caso del pequeño robot- porque nos gusta ver en lo inanimado rasgos de nuestra condición de seres vivos. Cual pequeños dioses, nos gusta poner nombre a los animales, y nuestros animalitos son nuestras creaciones. A nuestra imágen y semejanza hemos humanizado máquinas, dibujos, estatuas, conceptos sobre páginas. Nos gusta ser conocidos por nuestra capacidad de crear. Y del mismo modo que los dioses grandes, tenemos que volcar nuestra mirada sobre lo creado, para aliviar un poco el peso de nuestro propio misterio.

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